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Meditación del día 22 de octubre

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Lucas 12,49-53

Jesús dijo a sus discípulos:
“Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!
Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!
¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división.
De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres:
el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

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Fuego sobre la tierra

  1. Venido: Pedí siempre el don del discernimiento para poder distinguir el bien del mal. Porque poder gobernar tu vida no pasa por el poder y el control que tengas, sino más bien pasa por la capacidad de decisión que tengas. La diferencia entre las personas que prosperan en la vida y las que no lo hacen no pasa por el dinero que tengan o el poder que ejerzan, sino por la sabiduría que las lleva a tener la capacidad de tomar buenas decisiones y prosperar en la vida.
  2. Recibir: Hay una frase de Víctor Hugo que dice: “No me digas lo que te dijeron de mí; dime por qué se sintieron tan cómodos diciéndotelo a ti”. Por eso, no estés esperando recibir siempre; más bien actúa desde tus convicciones y aprende a saber en qué momento actuar y en qué momento callar. Las cosas se dan a su debido tiempo. Hay tiempo para recibir y tiempo para dar.
  3. Contra: Hay dolores de la infancia que nunca se van. Seguramente se calman o se alivian, pero no se van. Es lo que Dios nos permite para ser quienes somos y para saber salir adelante con cierta resiliencia y un cierto umbral de resistencia a los golpes de la vida. Porque olvidar no es adquirir amnesia. Uno puede recordar el dolor, pero que ese dolor ya no viaje con nosotros. Las heridas de la vida son una placa de honor, porque las heridas marcan que no nos rendimos. Que tus cicatrices sean tu recuerdo de aquello que te mató en un momento de tu pasado, y hoy resucitaste y estás con vida. Algo bueno está por venir.

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