Nuestra Señora de Guadalupe es la Patrona de México y de América Latina y su fiesta se celebra el 12 de diciembre

La Historia de las Apariciones de Nuestra Señora en el Tepeyac
El relato más importante de las Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe es el escrito conocido como Nican Mopohua, que en Náhuatl quiere decir: «Aquí se narra».
Escrito originalmente en la lengua náhuatl, todavía en uso en varias regiones de México. Las dos palabras iniciales Nican Mopohua se han usado por antonomasia para identificar este relato, aunque muchos documentos indígenas comienzan igual. El título completo es: “Aquí se cuenta se ordena como hace poco milagrosamente se apareció la Perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, nuestra Reina; allá en el Tepeyac, de renombre Guadalupe”. Es la principal fuente de nuestro conocimiento del Mensaje de la Santísima Virgen al Juan Diego, a México y al Mundo.
Se atribuye a Don Antonio Valeriano (1520?-1605?), quien recibió la historia de labios del Juan Diego, muerto en 1548.
San Juan Diego Cuauhtlatoatzin
San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, a quien en 1990 el Papa Juan Pablo II llamó “el confidente de la dulce Señora del Tepeyac”, según una tradición bien documentada nació en 1474 en Cuauhtitlán, entonces reino de Texcoco, perteneciente a la etnia de los chichimecas. Se llamaba Cuauhtlatoatzin, que en su lengua materna significaba «Águila que habla», o «El que habla con un águila».
Ya adulto y padre de familia, atraído por la doctrina de los padres Franciscanos llegados a México en 1524, recibió el bautismo junto con su esposa María Lucía, quien falleció en 1529.
El 9 de diciembre de 1531, mientras se dirigía a pie a Tlatelolco, en un lugar denominado Tepeyac, tuvo una aparición de María Santísima. La Virgen le encargó que en su nombre pidiese al Obispo, el franciscano Juan de Zumárraga, la construcción de una iglesia en el lugar de la aparición.
Síntesis de las Apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego en diciembre de 1531
Introducción
Las Apariciones de Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe a Juan Diego, la milagrosa estampación de su Santa Imagen en el humilde ayate de su vidente y su mensaje de amor por nosotros tienen como fin principal anunciar a su amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, a los pueblos que habitaban el «nuevo mundo».
Primera Aparición: Sábado 9 de diciembre en la madrugada.
Era sábado muy de madrugada cuando Juan Diego se dirigía a Tlatilolco en pos del culto divino. Al llegar junto al cerrito llamado Tepeyacac, Juan Diego oye cantos de pájaros. Le llaman por su nombre; sube a la cumbre del cerro del Tepeyac y ve a la Niña que le pide ir ante el Obispo para pedirle un templo en el llano.
“Hijito mío, tú el más pequeño de mis hijos, el más amado, yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quien se vive: del Creador cabe quien está todo: Señor del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre, a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mi confíen; oír allí sus lamentos y remediar todas sus miserias, penas y dolores.”
Segunda Aparición: Sábado 9 de diciembre aproximadamente a las 5 de la tarde.
Juan Diego vuelve a la cumbre y da cuenta de la incredulidad del Obispo Fray Juan de Zumárraga, religioso franciscano. Le explica a la Señora del Cielo que, si bien el Obispo lo recibió benignamente y lo escuchó con atención, parecía no creer que el mensaje era de Nuestra Señora. Juan Diego le pide que escoja otro mensajero. Pero la Virgen le confirma en su misión y le pide que insista al día siguiente.
Tercera Aparición: Domingo 10 de diciembre como a las 3 de la tarde.
Nuevamente en la cumbre, Juan Diego refiere su segunda entrevista con el Obispo. Aún no le cree y le ordena pedir a la Señora alguna señal. La Virgen le pide a Juan Diego que vuelva al cerro al día siguiente para recibir la señal que le dará.
“Así está bien, hijito mío, el más amado. Mañana de nuevo vendrás aquí para que lleves al Gran Sacerdote la prueba, la señal que te pide. Con eso enseguida te creerá, y ya para nada desconfiará de ti”.
El día siguiente, lunes 11, Juan Diego no vuelve porque su tío Juan Bernardino, estaba gravemente enfermo.
Cuarta Aparición: Martes 12 de diciembre muy de madrugada.
Ante la gravedad de su tío, Juan Diego sale a Tlatilolco para buscar un sacerdote que fuera a confesarle y prepararlo, porque el tío estaba seguro de que era tiempo de morir. Juan Diego rodeó el cerro para que la Virgen no lo detuviera y poder llegar rápidamente a encontrar a un sacerdote. Pero la Señora sale a su encuentro; y después de escuchar las explicaciones que le da Juan Diego, lo tranquiliza de la enfermedad de su tío:
“¿No estoy yo aquí?, ¿No soy tu Madre?, ¿No estás bajo mi sombra?, ¿No soy yo tu salud?, ¿No estás por ventura en mi regazo?, ¿Qué más has de necesitar? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella; está seguro de que sanó.”
La Señora del Cielo lo envía a la cumbre y le dice que corte y recoja las flores que hallará. Y cuando llegó a la cumbre, Juan Diego se asombra de que hubieran brotado tantas rosas, antes del tiempo en que se dan.
A su regreso, la Virgen le dice: “Hijito queridísimo: estas diferentes flores son la prueba, la señal que le llevarás al Obispo. De parte mía le dirás que por favor vea en ella mi deseo, y con eso, ejecute mi voluntad”. Le ordena que sólo delante del Obispo despliegue su manta donde lleva las flores y descubra lo que lleva.
Quinta Aparición: Martes 12 de diciembre muy de madrugada.
Al mismo tiempo que se aparece a Juan Diego, se aparece a Juan Bernardino, tío del vidente, en su casa le cura de sus enfermedades y le manifiesta su nombre y pide que de ahora en adelante, “a su preciosa imagen precisamente se le llame, se le conozca como la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARIA DE GUADALUPE”.
La estampación en la Tilma: Martes 12 de diciembre al mediodía.
En la casa del Obispo Fray Juan de Zumárraga, Juan Diego muestra las flores que llevaba en su ayate, señal dada por la Virgen. “Desplegó su tilma, donde llevaba las flores. Y así, al tiempo que se esparcieron las diferentes flores preciosas, apareció en el humilde ayate la venerada imagen de la siempre Virgen María, Madre de Dios, tal como ahora tenemos la dicha de venerarla en lo que es su hogar predilecto, su templo del Tepeyac”.
El señor Obispo con lágrimas de tristeza oró y le pidió perdón de no haber puesto en obra su voluntad y su mandato. Puso la manta en su oratorio y al día siguiente, le pidió a Juan Diego que lo llevara a ver el lugar donde la Señora del Cielo quería que levantaran su templo.
En 1531, el Obispo Fray Juan de Zumárraga manda a construir una ermita que se conservó la tilma durante 24 años. La tradición indica que fue construida en el lugar señalado por Juan Diego y que le fuera indicado por la Señora del Cielo. Allí vivió Juan Diego por 17 años al servicio de la Virgen y murió a los 74 años de edad. Luego se construyó sobre esa ermita, la primera iglesia.
Sobre la aparición de la imagen en la tilma de Juan Diego, el Papa Francisco se refirió así: “La aparición de la imagen de la Virgen en la tilma de Juan Diego fue un signo profético de un abrazo, el abrazo de María a todos los habitantes de las vastas tierras americanas, a los que ya estaban allí y a los que llegarían después.
Este abrazo de María señaló el camino que siempre ha caracterizado a América: ser una tierra donde pueden convivir pueblos diferentes, una tierra capaz de respetar la vida humana en todas sus fases, desde el seno materno hasta la vejez, capaz de acoger a los emigrantes, así como a los pueblos y a los pobres y marginados de todas las épocas. América es una tierra generosa”.
La tilma y la ciencia
El milagro de Guadalupe perdura hoy en día en la tilma de Juan Diego, la que conserva el testimonio vivo de lo ocurrido: la imagen que María quiso retratar en ella está expuesta actualmente en la iglesia que se construyó en el cerro Tepeyac. Enorme cantidad de milagros se pueden testimoniar al estudiar la tilma con métodos científicos:
-El Fenómeno de la Tela.
Lo primero que llama la atención de los expertos en textiles es que esta manta se haya podido conservar durante siglos, expuesta al polvo, al calor y a la humedad, sin que se haya deshilachado ni desteñido su bella policromía. Siempre estuvo así expuesta a todo, y sólo desde hace unos años está cubierta por un vidrio.
La tela está hecha en una fibra de ayate mexicano que, por su naturaleza, se descompone dentro de los veinte años. Así ha sucedido con varias reproducciones de la imagen que se han fabricado con este mismo tejido. Sin embargo, este lienzo lleva cuatrocientos cincuenta años, desde el tiempo de Hernán Cortés, sin desgarrarse ni descomponerse. Por causas ininteligibles a los expertos, es refractaria a la humedad y al polvo.
-El Fenómeno de la Imagen.
La pintura que cubre la tela es otro misterio. El sabio alemán Kuhn, premio Nobel en Química, ha estudiado esta pintura, y su respuesta dejó atónitos a los oyentes: “Estos colorantes no son ni minerales, ni vegetales, ni animales”. No han podido explicar el origen de los pigmentos que dan color a la imagen, ni la forma en que esta fue pintado.
La imagen no tiene pinceladas. La técnica empleada es desconocida en la historia de la pintura. Es incomprensible e irrepetible.
– El Fenómeno de las Pupilas.
Un famoso oculista, Lauvvoignet, examinó con un poderoso lente la pupila de la Virgen, y observó, maravillado, que en el iris se ve reflejada la imagen de un hombre. Esto fue al principio de una investigación que condujo a los más inesperados descubrimientos.
Por medio de la digitalización se observa en la pupila de una fotografía todo lo que la persona estaba mirando en el momento de tomarse la foto. Parecía ser una captura del momento exacto en el que Juan Diego desplegó la tilma ante Fray Juan de Zumárraga.
Los detalles que aparecen en las fotografías de la pupila de la Virgen de Guadalupe son: un indio en el acto de desplegar su ruana ante un religioso; un franciscano en cuyo rostro se ve deslizarse una lágrima; un hombre con la mano sobre la barba en señal de admiración; otro indio en actitud de rezar; unos niños y varios religiosos franciscanos más. O sea, todas las personas que, según la historia de la Virgen de Guadalupe, escrita hace varios siglos, estaban presentes en el momento en que apareció la sagrada imagen.
Interpretación de la Imagen de la Virgen de Guadalupe
Los pueblos mesoamericanos desde tiempos remotos ya veneraban en el cerro del tepeyac a una deidad llamada Tonantzin (que quiere decir Nuestra Madrecita), por esta razón, fue más fácil la asimilación el mensaje traído por la Virgen María como verdadera Madre de Dios y Madre nuestra.
El nombre de “SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA DE GUADALUPE” ella misma lo dio a Juan Bernardino, tío de Juan Diego, cuando se le apareció para sanarle de sus enfermedades.
Cabello: Lleva el cabello suelto, lo que entre los aztecas es señal de virginidad. Es Virgen y Madre.
Rostro: Su rostro es moreno, ovalado y en actitud de profunda oración. Su semblante es dulce, fresco, amable, refleja amor y ternura, además de una gran fortaleza.
Manos: Sus manos están juntas en señal de recogimiento, en profunda oración. La derecha es más blanca y estilizada, la izquierda es morena y más llena, podrían simbolizar la unión de dos razas distintas.
Embarazo: Su gravidez se constata por la forma aumentada del abdomen, donde se destaca una mayor prominencia vertical que transversal, corresponde a un embarazo casi en su última etapa.
Edad: Representa a una joven que su edad aproximada es de 18 a 20 años.
Estatura: La estatura de la Virgen en el ayate es de 1.43 centímetros.
El cinto: El cinto marca el embarazo de la Virgen. Se localiza arriba del vientre. Cae en dos extremos trapezoidales que en el mundo náhuatl representaban el fin de un ciclo y el nacimiento de una nueva era. En la imagen simboliza que con Jesucristo se inicia una nueva era tanto para el viejo como para el nuevo mundo.
Los rayos: La Virgen está rodeada de rayos dorados que le forman un halo luminoso o aura. El mensaje transmitido es: ella es la Madre de la luz, del Sol, del Niño Sol, del Dios verdadero, ella lo hace descender hacia el “centro de la luna” (México en nátuahl) para que allí nazca, alumbre y dé vida.
La luna: La Virgen de Guadalupe está de pie en medio de la luna, y no es casual que la palabra México en nátuahl son “Metz – xic – co” que significan “en el centro de la luna”. También es símbolo de fecundidad, nacimiento, vida. Marca los hilos de la fertilidad femenina y terrestre.
La flor de cuatro pétalos o Nahui Ollin: es el símbolo principal en la imagen de la Virgen, es el máximo símbolo nátuahl y representa la presencia de Dios, la plenitud, el centro del especio y del tiempo. En la imagen presenta a la Virgen de Guadalupe como la Madre de Dios y marca el lugar donde se encuentra Nuestro Señor Jesucristo en su vientre.
El ángel: Un ángel está a los pies de la Guadalupana con ademán de quien acaba de volar. Las alas son como de águila, asimétricas y muy coloridas, los tonos son parecidos a los del pájaro mexicano tzinitzcan que Juan Diego recordó, anunciándole la aparición de la Virgen de Guadalupe. Sus manos sostienen el extremo izquierdo de la túnica de la Virgen y el derecho del manto.

Títulos de Nuestra Señora de Guadalupe
- Es la Patrona de México y de América latina.
- El 12 de octubre de 1895 se llevó a cabo la coronación pontificia de la imagen, concedida por León XIII.
- En 1904, San Pío X elevó el santuario de México a la categoría de Basílica y en 1910 proclamó a la Virgen de Guadalupe, Patrona de toda América Latina.
- En 1945, Pío XII la llamó Emperatriz de las Américas.
- El 12 de Octubre de 1976 se inauguró la nueva Basílica de Guadalupe.
- El domingo de Pascua de 2020, los pueblos latinoamericanos se consagraron a la Virgen de Guadalupe
Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe: Conjunto religioso del Tepeyac

El recinto está conformado por varias iglesias y edificios
Antigua Parroquia de Indios: Según la tradición, albergó la imagen de Santa María de Guadalupe desde 1695 hasta 1709 – año en que fue trasladada al templo conocido como Antigua Basílica. El nombre se debe a que originalmente esta capilla fue edificada para el culto de la población indígena a la Virgen. Se conservan debajo de la misma los cimientos de los dos primeros templos dedicados a la Virgen que mandó construir fray Juan de Zumarraga en el lugar indicado por san Juan Diego.
Capilla del Cerrito: Es la parroquia donde se recuerda el milagro de las flores frescas y la primera de las apariciones de Santa María de Guadalupe. Se construyó una primera capilla en el cerro del Tepeyac en 1666.
Capilla del Pocito: Templo ubicado en las cercanías de la falda oriente del cerro del Tepeyac. Fue construido de 1777 a 1791. Fue edificado sobre un pozo de aguas consideradas milagrosas, así, pronto comenzaron las peregrinaciones al lugar. El sello particular de esta capilla pequeña, es su forma de base circular.
Templo y Antiguo Convento de las Capuchinas y Museo de la Basílica de Guadalupe: En el museo, inaugurado en 1941, se encuentra en el ala norte del antiguo convento de Capuchinas y alberga una importante colección de arte.
Templo Expiatorio a Cristo Rey (Antigua Basílica de Guadalupe): Su construcción dio inicio con la colocación de la primera piedra el 25 de marzo de 1695, y concluida en abril de 1709.
En 1904 fue elevada a rango de basílica, por decisión pontificia. La coronación papal fue el 12 de diciembre de ese mismo año.
Debido a los daños estructurales en la basílica, principalmente el hundimiento diferencial que sufría, se decidió construir un nuevo templo. La antigua Basílica se encuentra en restauración.
Basílica de Guadalupe: El 12 de diciembre de 1974 el arzobispo primado de México, Darío Miranda, bendijo y colocó la primera piedra, dando inicio a la construcción de la Basílica actual, que fue dedicada solemnemente el 12 de octubre de 1976, cuando la imagen fue trasladada a la ubicación que hoy tiene.
El hecho que el interior sea circular y libre de apoyos hace posible que la imagen de la Virgen de Guadalupe se pueda apreciar desde todos los puntos interiores de la basílica. Dicha imagen se encuentra detrás del altar, bajo una cruz de importantes dimensiones. Para una mejor visibilidad de la imagen, se construyó una pasarela con bandas transportadoras, que permite que los visitantes la puedan apreciar de la mejor forma posible.

Oración a la Virgen de Guadalupe, de Juan Pablo II
¡Oh, Virgen Inmaculada,
Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!
Tú, que desde este lugar manifiestas
tu clemencia y tu compasión
a todos los que solicitan tu amparo;
escucha la oración que con filial confianza te dirigimos,
y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.
Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso,
a Ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores,
te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos,
nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos;
ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado,
Señora y Madre nuestra.
Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino
De una plena fidelidad a Jesucristo a su Iglesia:
No nos sueltes de tu mano amorosa.
Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos
Los Obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos
de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios
y a las almas.
Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorgue abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe y celosos dispensadores de los misterios de Dios.
Concede a nuestros hogares
la gracia de amar y de respetar la vida que comienza
con el mismo amor con el que concebiste en tu seno
la vida del Hijo de Dios.
Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias,
Para que estén muy unidas, y bendice a la educación de nuestros hijos.
Esperanza nuestra, míranos con compasión,
Enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos
a levantarnos, a volver a Él, mediante la confesión de nuestras culpas
y pecados en el sacramento de la Penitencia,
que trae sosiego al alma.
Te suplicamos que nos concedas un amor muy grande a todos los santos sacramentos,
Que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra.
Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia,
Con nuestros corazones libres de mal y de odios,
Podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz,
que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
que con Dios Padre y con el Espíritu Santo,
vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén
México, enero de 1979.