San Dionisio, obispo y compañeros mártires
Hoy, 9 de octubre, la Iglesia celebra la memoria de san Dionisio de París y compañeros mártires.
Dionisio nació en Italia en el siglo III. No han quedado registros de su infancia y sus años de formación, pero una antigua tradición relata que en su juventud resaltaba por sus virtudes, su vida devota y sus profundos conocimientos de la fe cristiana.
Alrededor del año 250, Dionisio fue enviado por el Sumo Pontífice como apóstol de las Galias junto al presbítero Rústico y el diácono Eleuterio para evangelizar. Dionisio se convirtió en el primer Obispo de París.
En esos tiempos, los cristianos que habitaban las Galias habían sufrido una sangrienta persecución promovida por el emperador romano Decio. El edicto imperial exigía que se ofrezcan sacrificios paganos por el emperador bajo pena de tortura y ejecución. La misión de Dionisio y sus compañeros era reanimar y fortalecer la fe cristiana que comenzaba a florecer en esas tierras y se veía amenazada.
Recién llegados al territorio de la actual París, Dionisio y sus compañeros se establecieron en la isla del Sena. Allí construyeron un templo donde celebraban la Eucaristía con regularidad.
La misión de Dionisio no tardó en dar frutos. Su predicación del Evangelio obraba numerosas conversiones, haciendo que el cristianismo se propagara. El avance de la evangelización generó un gran descontento entre los paganos y despertó nuevamente la ira del entonces emperador romano Valeriano, quien proclamó dos edictos en los que prohibía el culto cristiano y mandaba ejecutar de manera inmediata a los obispos, presbíteros y diáconos.
Dionisio y sus compañeros, Rústico y Eleuterio fueron arrestados y torturados por un largo tiempo por su perseverancia en la fe. Fueron azotados, atormentados, arrojados a las bestias salvajes y quemados. Finalmente, los tres fueron decapitados.
A menudo, a san Dionisio se lo representa sosteniendo su cabeza entre sus manos. Esto se debe a una antigua leyenda que relata que, luego de haber sido decapitado, Dionisio se levantó, recogió su cabeza y caminó atravesando Montmartre por el camino que se conoce en la actualidad como calle de los Mártires, hasta encontrarse con una mujer piadosa llamada Cassulla ante quien se desplomó. Se cuenta, también, que fue en ese lugar donde luego se erigió en su honor la Basílica de Saint-Denis (San Dionisio en francés).
En el día que celebramos su memoria, le pedimos a san Dionisio de París y compañeros mártires que intercedan ante Dios por todos los cristianos que sufren persecuciones a causa de su fe, porque hasta el Cielo no paramos.