“Si tuviera mil vidas, se las ofrecería a Dios”
Hoy 28 de septiembre la Iglesia recuerda a san Lorenzo Ruiz y compañeros mártires.
San Lorenzo Ruiz nació en Biondo, Manila en 1600, hijo de padre chino y madre filipina. Sirvió desde muy joven en la Iglesia y convento de dominicos Binondo, donde recibió formación cristiana. Llegó a ser escribano y llevó una vida de piedad y dedicación a hacer obras de caridad. Contrajo matrimonio y tuvo tres hijos. Hacia 1636 fue falsamente acusado de homicidio y, buscó refugio en los dominicos. Gracias a la intervención del padre Antonio González pudo salir de la embarazosa situación.
Justamente por entonces el padre Antonio González preparaba la expedición a Japón, y Lorenzo, con intención de ir hasta Macao, se adhirió al grupo de pasajeros. Pero, debido a los vientos, el barco se desvió a Okinawa, donde fueron todos arrestados y encarcelados. Fue durante el año que permanecieron recluidos cuando se robusteció la fe de Lorenzo hasta el punto de decidirse a confesar ante los perseguidores sus convicciones cristianas.
La prueba tuvo lugar al verse ante el tribunal en Nagasaki. Aunque vacilante al principio, luego recuperó el coraje de declararse cristiano y “dispuesto a dar mil veces la vida por Dios”. Confiado en la intercesión del padre Antonio, sacrificado antes que él, se atrevió a decir a los jueces: “soy católico y acepto de todo corazón la muerte por Dios, si tuviera mil vidas se las ofrecería a Él. Haz conmigo lo que quieras”. Durante el paseo por la ciudad, fue rezando oraciones y jaculatorias y, ya en la colina de Nishizaka, sufrió la tortura del agua ingurgitada que soportó con heroica entereza y paciencia. Murió el 29 de septiembre de 1637 y sus cenizas fueron tiradas al mar. Todos los demás murieron mártires, a la hora de confesar el nombre de Cristo, compartieron la fortaleza en el tormento, la esperanza en la resurrección con Cristo, la grandeza de corazón para perdonar a sus perseguidores.
Sin embargo, el proyectado extermino del cristianismo en Japón no fue total. Quedó un núcleo de cristianos japoneses escondidos en las islas del sur, que mantuvieron la fe a lo largo de varios siglos hasta la apertura de Japón a Occidente en 1865. Entonces los descendientes de aquellos mártires emergieron como pequeña comunidad cristiana que se había transmitido de padres a hijos su fe en Cristo, la devoción a la Virgen María y su fidelidad al Papa. Así renació de las cenizas de las persecuciones la Iglesia de Japón, hoy continuadora de la evangelización que llevaron a cabo aquellos misioneros.
San Lorenzo Ruiz, es el primer santo mártir de la Iglesia Filipina, junto a sus compañeros fueron beatificados en 1981 y canonizados en 1987 por el Papa Juan Pablo II.
En el día que se los recuerda, te pedimos Señor y Dios nuestro, la constancia, fortaleza, grandeza de tus santos mártires Lorenzo Ruiz y sus compañeros para servirte a ti y al prójimo. Porque hasta el cielo no paramos.