Pontífice No. 30 – Fue uno de los más valientes sacerdotes de Roma en la terrible persecución de Diocleciano
Hoy, como cada 16 de enero, la Iglesia celebra la fiesta de san Marcelo Papa.
San Marcelo ocupa el puesto número 30 en la línea de sucesión apostólica. Luego de la tormentosa persecución que sufrió la Iglesia entre los años 303 y 305 en manos de Dioclesano, san Marcelo fue considerado el sucesor más adecuado por haber sido uno de los más valientes sacerdotes de Roma y por haber animado a los cristianos a permanecer fieles aunque fueran martirizados.
Marcelo era el hombre que las circunstancias requerían. La persecución había atacado principalmente la organización de la vida de la Iglesia. Se habían destruido los templos, quemado los libros sagrados y se había llevado a la apostasía o a la muerte a una gran cantidad de Sacerdotes y laicos. Era necesario un hombre de temple, suave y fuerte, que restaurara la disciplina y la jerarquía.
Este santo, fue constituido pontífice en el año 308, cuatro años después de haber sido martirizado el Papa San Marcelino. La difícil situación de la época había obstaculizado la reunión de los Obispos que habían de elegirle porque, aunque Diocleciano abdicó en el año 305, las dificultades continuaron con su sucesor Majencio. Debido al tiempo que la Iglesia permaneció sin Papa, una de las grandes ocupaciones de San Marcelo fue reorganizarla.
El nuevo Papa era un hombre de carácter vigoroso, aunque mesurado. San Marcelo mandó construir nuevos templos, consagró obispos y sacerdotes y dividió a Roma en 25 sectores estratégicamente situados y nombró en cada uno de ellos un párroco o presbítero para que estuviera al frente. Además, con la ayuda de Santa Priscila, una noble matrona romana, estableció un nuevo cementerio para sepultar a los mártires que esta socorría.
Uno de los mayores desafíos que enfrentó san Marcelo fue definir la situación de los lapsi, forma en la que se llamó a los cristianos que, por miedo a la última persecución, habían renegado de la fe, pero deseaban volver a pertenecer a la Iglesia. Entre los católicos había dos posturas, estaban los rigoristas que consideraban que no debían volver a integrarse y quienes sostenían que debían ser admitidos nuevamente sin más. Por un lado, un rigorismo intransigente y, por otro, una indulgencia demasiado blanda. Ante estos pensamientos extremos, san Marcelo impuso su autoridad y, con la asistencia de reconocidos sabios de la Iglesia, decretó que debía adoptarse un término medio: abrió a todos la posibilidad de la reconciliación, si pedían ser aceptados, pero exigiendo la debida penitencia por haber renegado de la fe por miedo.
Muchos aceptaron la decisión del Pontífice, pero algunos, quienes no estaban dispuestos a hacer penitencias, trataron al Papa de demasiado riguroso y promovieron revueltas en Roma y tumultos contra él. Uno de los renegados apóstatas lo acusó ante el emperador Majencio, el cual, con el pretexto de las revueltas, y abusando de su poder que no le permitía inmiscuirse en los asuntos internos de la religión, decretó la injusta expulsión del Papa Marcelo de Roma.
El Papa San Dámaso I, reconocido por los numerosos epitafios que redactó sobre muchos santos y mártires, de quienes en algunos casos es la única información conocida sobre ellos, escribió sobre san Marcelo Papa que fue expulsado por haber sido acusado injustamente por un renegado.
En el antiguo “Libro Pontifical” se afirma que, en vez de irse al destierro, el Papa Marcelo se escondió en la casa de una noble muy piadosa, y que desde allí siguió dirigiendo a los cristianos, convirtiendo aquella casa en un verdadero templo, puesto que el Pontífice celebraba cada día.
Un conocido Martirologio, libro que narra historias de mártires, redactado en el siglo quinto, cuenta que el emperador Majencio descubrió dónde estaba escondido San Marcelo y trasladó las caballerías y pesebres imperiales a esa zona para obligarlo a realizar allí trabajos forzosos.
Agotado por tan duros trabajos, en enero del año 309 falleció San Marcelo en silencioso martirio, tras un año de pontificado. Sus restos descansan bajo el altar mayor de la Iglesia levantada en su honor, en la casa de la ciudad de Roma donde se exilió y fue sometido por el emperador. El “Templo de San Marcelo” es uno de los templos de Roma que tiene por titular a un Cardenal.
En el día de su fiesta, rogamos a san Marcelo Papa su intercesión para que el Señor nos conceda la gracia de no renegar nunca de nuestras creencias cristianas y le ofrezcamos las debidas penitencias por nuestros pecados porque hasta el cielo no paramos.