“Construye un oratorio dentro de ti y ten a Jesús en el altar de tu corazón”
Hoy 19 de octubre, la Iglesia recuerda a san Pablo de la Cruz. Pablo Francisco Danei nació en Ovada, al norte de Italia, en 1694. Siendo muy pequeño, su padre le leía vida de santos, y esto lo animaba a ser mejor. La piedad de Pablo era profunda, bastaba que su madre le mostrase el crucifijo, para que él dejara de lamentarse o hiciese algo que no le gustaba. Al infundirle la devoción por la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, su madre seguía un impulso divino, preparándolo al que sería el gran apóstol de este santo misterio.
El mismo Cristo crucificado se le presentaba en frecuentes visiones. La Madre de Dios también se le aparecía y el niño Jesús le hacía compañía cuando rezaba el rosario. Siendo joven, escuchó una predicación sobre la Pasión de Cristo, que cambió su vida. Hizo una confesión general y tomó la vida penitencial, alentado por la oración y la lectura de libros santos.
Luego organizó, con algunos de sus compañeros, una asociación de jóvenes, para ayudar a los demás, con sus palabras y buenos ejemplos a ser mejores. Varios de sus amigos se hicieron religiosos.
Se alistó en el ejército del Sumo Pontífice para defender la religión. Poco después, se dio cuenta que no tenía vocación para militar. Se quedó en la casa de sus padres, dedicado a la oración, meditación y a practicar la caridad hacia los pobres.
En 1720, san Pablo de la Cruz vio en sueños que le mostraban una sotana negra con un corazón, una cruz blanca y el nombre de Jesús. Era el aviso del hábito que debería dar a sus religiosos. Después, en una visión, oyó a la Santísima Virgen que le aconsejaba fundar una comunidad que se dedicara a amar y hacer amar a la Pasión de Cristo. Nacía así la Congregación de los Pasionistas. Pablo confió estas visiones a su director espiritual y al obispo. Ambos, conociendo la vida heroica de virtud y oración que el joven llevaba desde niño, reconocieron que se trataba de una vocación señalada por Dios. Con el permiso del obispo, que lo revistió del hábito de la pasión, Pablo se retiró a redactar los reglamentos de la nueva comunidad.
La primera persona que se unió a Pablo, fue su hermano Juan Bautista. Compañero de penitencias y oraciones en la juventud, y que sería su más firme apoyo. Ambos recibieron el sacerdocio en 1727. El Papa Benedicto XIV aprobó los reglamentos para la nueva orden y entonces empezaron a llegar novicios.
El primer Retiro se inauguró en Monte Argentario. San Pablo llamó “Retiro” a sus monasterios, para subrayar la vida de soledad y contemplación que creía necesaria para predicar el mensaje de la cruz.
A la congregación masculina, muy pronto se le añadió la Congregación de Hermanas Pasionarias.
A poca distancia del Coliseo de Roma, fue donde Pablo pasó los últimos años de su vida.
Falleció a la edad de 80 años, dejando las congregaciones con muchos “Retiros” inaugurados.
Que san Pablo de la Cruz nos obtenga del cielo la gracia de meditar con frecuencia la pasión y muerte de Jesús y así amar mucho más a nuestro Redentor. Porque algo bueno está por venir.
Fuentes
https://www.ewtn.com/es/catolicismo/santos/pablo-de-la-cruz
https://www.tesorosdelafe.com/articulo-165-san-pablo-de-la-cruz
https://www.corazones.org/santos/pablo_delacruz
https://sanctoral.com/es/santoral/san_pablo_de_la_cruz