Peregrina de la Esperanza
Por la señal de la Santa Cruz+
de nuestros enemigos +
líbranos, Señor, Dios nuestro +
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo +
Oración Inicial
Virgencita de Itatí, que con ser la Pura y Limpia eres también refugio de pecadores, nosotros tus hijos, atraídos por tu mirada llena de bondad y comprensión venimos a ofrecerte todo nuestro ser: todo lo que somos, todo lo que hacemos, todo lo que amamos, todas nuestras esperanzas y también todos nuestros temores y preocupaciones, todas nuestras necesidades espirituales y materiales y especialmente (se dice la gracia que se pide en esta novena).
Se reza un Avemaría
Te pedimos Madre que hagas por nuestro deseo y así presentes nuestra ofrenda y nuestra necesidad al Dios Todopoderoso, para que seamos por Tu mediación escuchados y socorridos. Pero danos, sobre todo, María, Nuestra Señora de Itatí, una fe fuerte que nos haga descubrir el paso Misericordioso de tu Hijo Jesús en cada acontecimiento de nuestra vida, aún en medio de lo que pueda costarnos aceptar, de reconocer la Santa Voluntad del Señor y de comprender que Él todo lo dispone para nuestro bien. Haznos también, Estrella de Evangelización que, al conocer cada día más el inmenso amor del Señor, creamos en Él y así lo anunciemos con la vida a todos nuestros hermanos. Amén.
Lectura bíblica del sexto día:
“María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá” (Lucas 1, 39)
Como todo peregrino, María se pone en marcha. Con su visita a Isabel, María comienza ya a participar de la misión de Jesús, transformándose en el modelo de quienes peregrinan, de quienes se ponen en camino para llevar la luz y la alegría de Cristo a los demás.
Peregrinemos en compañía de Nuestra Señora de Itatí llevando la esperanza y sirviendo a los demás, como lo hizo María con su prima Isabel. Caminemos con Nuestra Madre sosegadamente. Hagamos en silencio este camino en su grata compañía, donde María sale al encuentro de su Dios para recibirlo y darlo al mundo.
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
Oración Final
Tiernísima Madre de Dios y de los hombres que, bajo la advocación de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí, miraste con ojos de misericordia por más de tres siglos a todos los que te han implorado, no deseches ahora las súplicas de tu hijo, que humildemente recurre a ti.
Atiende mis necesidades, que tú, mejor que yo, conoces, y sobre todo Madre mía, concédeme un gran amor a tu divino Hijo Jesús, y un corazón puro, humilde y prudente, paciencia en la vida, fortaleza en la tentaciones y consuelo en la muerte. Amén.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo +