Padre de la Sagrada Familia
Por la señal de la Santa Cruz +
de nuestros enemigos+
Líbranos, Señor Nuestro, Dios nuestro+
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo+
Oración Inicial
Glorioso san José, modelo de todos los trabajadores, que se dedican al trabajo, consígueme la gracia de trabajar con conciencia, poniendo el llamado del deber sobre mis inclinaciones naturales, trabajar con gratitud y gozo, en un espíritu de penitencia para la remisión de mis pecados, considerando que es un honor emplear y desarrollar mediante el trabajo los dones recibidos de Dios para trabajar en orden, paz, moderación y paciencia, sin tener jamás que retroceder ante cansancio y dificultades, trabajar sobre todo con pureza de intención y desapego de sí mismo, teniendo siempre a la muerte ante mis ojos, y la cuenta que yo debo rendir del tiempo perdido, de los talentos desperdiciados, del bien omitido, de la vana complacencia en el éxito, tan fatal para la obra de Dios. Todo por Jesús, todo a través de María, todo según tu ejemplo. Amén. (Papa san Pío X)
Lectura bíblica del séptimo día:
“Se levantó, tomó de noche al niño y a su madre y se fue a Egipto” (Mt 2, 14-15)
Dios acogió a San José para ser el cuidador y protector de la Sagrada Familia: su esposa María y a Jesús, el hijo de Dios vivo. Dirigió la vida de ellos a través de revelaciones que los ángeles del Señor le daban en sueños. San José estaba siempre al lado de Jesús y de María con mucha fe, en la que siempre actuó con obediencia, aceptando la voluntad de los planes de Dios.
Jesús nace y vive en una familia, en la Sagrada Familia, aprendiendo de su padre el trabajo, la fatiga, la satisfacción y también las dificultades de cada día.
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
Oración final:
San José, guardián de Jesús y casto esposo de María,
tú empleaste toda tu vida en el perfecto cumplimiento de tu deber,
mantuviste a la Sagrada Familia de Nazaret con el trabajo de tus manos.
Protege bondadosamente a los que recurren confiadamente a ti.
Tú conoces sus aspiraciones y sus esperanzas.
Se dirigen a ti porque saben que los comprendes y proteges.
También conociste pruebas, cansancio y trabajos.
Pero, aun dentro de las preocupaciones materiales de la vida,
tu alma estaba llena de profunda paz
y cantó llena de verdadera alegría por el íntimo trato que goza con el Hijo de Dios,
el cual te fue confiado a ti a la vez que a María, su tierna Madre. Amén.
(San Juan XXIII)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. +