Fue obispo de Roma en los últimos años del siglo I, es el tercer sucesor de Pedro, después de Lino y Anacleto.
Hoy 23 de noviembre la Iglesia recuerda a san Clemente I. Nació en Roma aproximadamente en el año 35
d.C. Fue obispo de Roma en los últimos años del siglo I, es el tercer sucesor de Pedro, después de Lino y Anacleto.
San Irineo, Padre de la Iglesia, atestigua que san Clemente fue contemporáneo de los apóstoles, se habría relacionado con ellos y pudo valorar detenidamente tanto la predicación como la tradición apostólica.
San Clemente fue el cuarto de los Papas, como parece indicar san Irineo, este santo Vicario de Cristo fue un eslabón muy importante en la cadena de la continuidad, por su conocimiento y por su fidelidad a la doctrina recibida por los apóstoles.
La autoridad y el prestigio de este obispo de Roma eran tan grandes, que se le atribuyeron varios escritos, pero su única obra segura es la “Carta a los Corintios”, fue copiada por la Iglesia de Corintios y distribuida por todo el imperio, lo que la convierte en la primera encíclica papal que se conoce. En ella san Clemente muestra su idea de la jerarquía, de la disciplina, y de la liturgia, su espíritu católico, su amplia cultura, su solidez teológica, su amor a la paz y a la unidad, expresando: “Es preciso someterse con humildad. Dejemos la soberbia, enemiga de la armonía. Las ofrendas y los ritos litúrgicos han de celebrarse, no a voluntad de cada uno y sin orden, sino conforme a lo ordenado por el Maestro. Sigamos el canon venerable y glorioso de nuestra tradición. Conservemos el muro fraterno de la caridad, sin ella nada es agradable a Dios. La cabeza no es nada sin los pies, pero, a su vez, los pies serían inútiles sin la cabeza. Los pequeños y los grandes se necesitan mutuamente”.
San Clemente fue un personaje clave en la historia del cristianismo primitivo. Su vida y obra, reflejan la forma en que la Iglesia posterior a los apóstoles avanzó y se desarrolló. Falleció en el año 99 d.C., es probable que su sentencia y muerte se haya dado durante la persecución del emperador Trajano.
En el día que recordamos a san Clemente I, oremos por el Papa Francisco para que a imitación de san Clemente pueda guiar sabiamente a los que seguimos la santa religión de Cristo. Porque hasta el cielo no paramos.