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El que no carga su cruz…

por Card. Rubén Salazar Gómez
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Hoy vamos a encontrarnos con un texto un poco difícil del Evangelio de Lucas, por eso es importante que ustedes lo escuchen con mucha atención ,y luego vamos a hacer un esfuerzo por comprenderlo juntos, escuchemos:

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 14,25-33

Muchos acompañaban a Jesús por el camino, y él se dirigió a ellos y les dijo: el que quiere venirse conmigo no puede ser discípulo mío, si no se olvida de su padre y de su madre, de su esposa y de sus hijos, de sus hermanos y hermanas, e inclusive de sí mismo, el que lo carga con su cruz y me sigue, no puede ser discípulo mío, si uno de ustedes quiere construir una torre, es obvio que primero se pone a calcular los gastos para ver si tiene con que terminarla, porque si después de echar los cimientos no puede terminarla, todos los que lo vean empezarán a burlarse de él ya decir: este hombre empezó a construir y no pudo terminar.

 O también si un rey que tiene un ejército de 10.000 soldados está en guerra con otro que tiene un ejército de 20.000 sin duda que antes de empezar la batalla se pondrá a pensar si en esas condiciones puede hacerle frente, y si no puede, cuando el otro esté lejos todavía mandará embajadores a negociar la paz, de igual manera ninguno de ustedes puede ser discípulo mío, si no renuncia a todo lo que tenga.

 Palabra del Señor

Transcripción de La Voz del Pastor del 8 de septiembre de 2019

 ¿Por qué digo yo que es un texto un poquito difícil? porque son palabras que suenan en un primer momento muy duras, el que no deja a su padre y a su madre, el que nos renuncia totalmente a sí mismo, el que no carga su cruz, el que no renuncia a su dinero, es decir son como exigencias que a nosotros nos pueden sonar exageradas, que nos pueden sonar incluso como fuera del tiempo, decimos pero el Señor vivía en otra época y hoy vivimos en un mundo diferente y por lo tanto las cosas son de otra manera.

 A ver de qué se trata el Señor nos pone dos comparaciones bonitas y fáciles de entender, que son las comparaciones en las cuales se busca como la persona que quiere hacer algo, tiene que tomar en cuenta todo lo que necesita para hacerlo, aquel que construye la torre tiene que saber cuál es el presupuesto qué es lo que necesita para construir la torre y terminar, o el que va a la guerra y quiere ganar la batalla, son dos ejemplos claros de que tenemos que organizar cosas si queremos alcanzar la meta.

 Pues bien esto se aplica a nuestra vida de discípulos misioneros del Señor , si nosotros queremos ser verdaderamente discípulos del Señor y si nosotros queremos llegar a la meta es decir al encuentro definitivo con Dios más allá de nuestra muerte, tenemos también que tomar medidas, tenemos también que organizar nuestra vida, no podemos vivir a la potatolondra, no podemos estar reaccionando como sea a las circunstancias no podemos estar viviendo como se nos ocurre cada vez sin tener absolutamente ninguna consistencia en nuestra vida, ¿qué es lo que nos pide el Señor? él nos pide que pongamos primero que todo a él, en nuestra vida, y ponerlo a él en nuestra vida no significa expulsar a los demás sino significa que las cosas se ponen todas de acuerdo a esa prioridad que tiene la persona en el Señor, el papá, la mamá, a los hijos los amigos, las personas todas entran pero entra vistas y entendidas y tratadas a la luz del amor fundamental por el señor Jesucristo.

 Amar al Señor significa que entonces nosotros vamos siguiendo su palabra, vamos haciendo en nuestra vida lo posible para que se refleje en nuestra existencia de todos los días su amor misericordioso para con todos, y por lo tanto vamos a amar a nuestros papás, vamos a amar a nuestros hermanos, vamos a armar a los hijos, vamos a amar a todos de una manera nueva porque los vamos a amar con el mismo amor con que Dios nos ama, un amor que va más allá de los cálculos humanos, un amor que va más allá de las limitaciones humanas, y que nos permite verdaderamente amar como el amor dando la vida por los demás.

 Ahora en la vida nuestra hay tantas cosas que nos impiden de verdad amar, y el primer lugar está el problema del dinero, el egoísmo se traduce inmediatamente en esa ansia del dinero, parece querer acaparar el dinero, en ese querer tener el dinero, y eso se manifiesta en nuestra sociedad en la corrupción por ejemplo, que la el ansia de tener el dinero incluso apoderándose del dinero que le pertenece a la nación, que le pertenece a todos los colombianos, ¿qué pasa entonces? si somos discípulos del Señor Jesucristo, tenemos que tener claro de que primero está el servicio, primero está la ayuda primero está la solidaridad, primero está la tarea que él nos ha encomendado de construir un mundo justo, fraterno, solidario un mundo en donde verdaderamente todos tengan las mismas oportunidades, donde por todos puedan acceder a sus derechos entonces sí vamos a poder pensar en nosotros, porque todo lo que hemos recibido del Señor, todo lo que somos, todo lo que podemos, todo lo que tenemos, es para el servicio de los demás es para que contribuyamos juntos a crear una patria nueva, y esto es bien importante en Colombia ¿qué nos pasa en Colombia? divididos enfrentados todos los días hay nuevas ocasiones de enfrentamientos y de luchas, en colombiano ha desaparecido la violencia armada de los grupos ilegales,  todos los días tenemos nuevos informes sobre que como en algunas zonas del país se están viviendo situaciones cada vez más graves de violencia extrema, pero no solamente en ciertos sitios a causa de las bandas armadas, sino también la delincuencia en las calles de las ciudades, el maltrato que se da al interior de las familias, tenemos que cambiar, tenemos que cambiar, y ese cambio no va a generarse, ese cambio no va a ser posible, sino en la medida en que cada uno de nosotros cambia el corazón, en la medida en que cada uno de nosotros tome en serio su vida, programe su vida, como servicio, como entrega servicial y generosa a la construcción del bien de todos, a la construcción del bien común.

 Pidamos al Señor que el que se entregó por nosotros en la cruz nos dé ese corazón capaz de amar, que él no sea generoso también dándonos su Espíritu, para que podamos tener un corazón generoso. En el nombre del Padre y del Hijo y del  Espíritu Santo, Amén.

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