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10 Minutos con Jesús. Hoy: No quiero ser Nazaret

por 10 Minutos con Jesús

Como todos los sábados, compartimos una de las meditaciones que difunde el equipo de 10 Minutos con Jesús. El equipo de 10 Minutos con Jesús está conformado por sacerdotes y laicos de EE.UU., México, Inglaterra, España, Colombia, Kenya, Filipinas, que hacen posible que miles de personas de todo el mundo pasen 10 minutos diarios de conversación con Jesús a través de WhatsApp, Spotify, Telegram, Instagram, YouTube, Ivoox, Podcast de Apple, Google Podcast.

Señor mío y Dios mío. Creo firmemente que estás aquí; que me ves; que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi padre y señor. Ángel de mi Guarda, interceded por mí.

Cena familiar

Hace un par de semanas, cuando comía con mis padres, con mi hermana y mis sobrinos, ellos le comentaban ellos a mi hermano que les gustaría llevar a mis sobrinos pequeños a conocer el Palacio Real, en Madrid, donde vivimos. Y yo pensaba que no sé si he entrado alguna vez en el Palacio Real de Madrid. No sé si tú lo conoces;  pero yo no me acuerdo de haber estado nunca. Lo curioso es que el Palacio Real está junto a la catedral de Madrid que es donde  me ordené sacerdote. Además, está al lado de las oficinas del Arzobispado de Madrid donde he estado trabajando quince años. Creo que esto suele pasar. A veces a lo que tenemos más cerca no lo valoramos lo suficiente.  A lo mejor viene alguien de fuera y está alucinado con la ciudad, el museo de la ciudad, el parque o lo que sea. Y la verdad que uno piensa que a mí no me parece que sea para tanto. Piensa por ejemplo en los grandes monumentos de tu ciudad, donde vives, y hace cuánto que no los visitas.

Jesús y Nazaret

Pues en lo espiritual sucede  mismo. Le sucedió a Jesús en Nazaret. En el capítulo sexto de San Marcos -y en los cinco capítulos anteriores- él nos cuenta como tú Señor,  comenzando por Cafarnaúm,  no has parado de hacer milagros, de predicar, de mostrar como el reino de los cielos ha llegado y ya está aquí. Empiezas en esa ciudad pequeña de Cafarnaúm, comienzas a dar toda la vuelta al lago de Galilea; y en las distintas ciudades  pues es que no paras: sanas a paralíticos, a leprosos, expulsas los demonios de los endemoniados,  calmas la tempestad en mitad del lago y respondes con sabiduría a las preguntas más complicadas que te hacen unos y otros. Instruyes a la gente sencilla con parábolas preciosas, que todos pueden comprender y que les ayudan tanto. Y las multitudes responden: ¡La gente vaya si responde! Se van amontonando cada vez más y se agolpan cada vez más para estar contigo. De día y de noche. No te dejan ni siquiera descansar. Te empujan sin querer y tienes que subirte en una barca para predicar.  

Se podría decir que Jesús estaba como de moda. Que  se hizo viral o se convirtió en un Influencer. Pero en algo mejor porque no sólo era conocido sino que además tenía criterio. Tenía una sabiduría que nadie podía explicar y un poder evidente que era sorprendente para todos. Entonces, llega a Nazaret. Cómo te dolió Jesús Nazaret. Allí ya el evangelio no habla de multitudes. Allí la gente no sale a recibirte. Ahí en Nazaret no están dispuestos a molestarse demasiado por escucharte. Si es Jesús, el vecino el de toda la vida. Así que tienes que ir tú. 

Si éste es…

 Tú vas ahí Señor. En la sinagoga les hablas,  les enseñas con todo cariño,  con toda sabiduría. Pero en los ojos de aquellos hombres ves miradas de sospecha. Empieza a decir el evangelio que comentaban “sí claro; ¿pero de dónde saca ese poder? ¿Cómo lo hace, cuál el truco? Si este es el hijo del carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de Judas, de Simón. Si sus hermanas viven aquí en el pueblo. En definitiva, hay como un acostumbramiento, como una falta de fe. No creen que seas capaz de hacer nada. Piensan que todo es un montaje. No esperan gran cosa de ese carpintero. Del hijo del carpintero que había estado viviendo con ellos 30 años sin llamar la atención y sin destacar en ninguna otra cosa que no fuera que era buena persona,  que era buen profesional,  que era un judío piadoso y honrado. En resumen: en Nazaret lo que se encontró Jesús fue, por así decirlo, un yo ya me lo sé. Un yo ya le conozco y no es para tanto. Nos pasa como lo que te decía de los monumentos de la ciudad. Que llega alguien de fuera y dice oye ¡y qué paisaje tan impresionante! ¡Qué bueno! Y tú que piensas que “no es para tanto.  Pues a mí no me parece que sea tan bonito. Pues a mí me gusta más lo que tenéis vosotros  y no lo que tengo yo”. Es ese acostumbramiento que decía Goethe que es lo peor de lo humano.  Él hablaba de una sabiduría en lo gris, de la capacidad de prender a captar los matices y de ver más allá del acostumbramiento.

Pero en Nazaret

….No fueron capaces. Para ellos Jesús era lo normal, lo de toda la vida. Para ellos, Señor,  no dabas para más. Ya se lo sabían. No esperaban nada. No creían nada. Por eso claro sigue el evangelio diciendo que Jesús les habló: “Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa, desprecian a un profeta”. Y termina explicando que no pudo hacer allí ningún milagro porque faltaba fe. Que se quedó sorprendido de su falta de fe. Pues fíjate que lo malo es que muchas veces Nazaret somos nosotros, los que hemos crecido junto a Jesús.  A  lo mejor tú eres uno de esos que no creciste junto al Señor. Y  hace poco le has conocido. Entonces estás sorprendido por la grandeza de nuestra fe, por el poder del Señor y abres los ojos y alucinas de contemplarlo. Y  disfrutas y te ponen los 10 minutos con Jesús y se lo mandas a tus amigos.  Y si ese es tu caso, entonces tranquilo, que tú no tienes ese problema, aunque seguramente te habrás fijado en esa mirada acostumbrada de los que hemos crecido en Nazaret. En esa mirada como un poco envejecida que te dice “bueno pues tú eres un exagerado, que no es para tanto”. Es la mirada de los que conocemos a Jesús de toda la vida y nos parece que no da para más. Pero a lo mejor también quizá eres tú uno de esos que vive en Nazaret.

El gran riesgo

Y para ti y para mí es el mayor riesgo de verdad. Es un riesgo enorme el pensar que esto es una misa más, una confesión más, una meditación más. Lo de siempre. La incapacidad para conmovernos, para asombrarnos, para captar la novedad, la mirada envejecida de los de Nazaret. Que no fueron capaces de escuchar atentos a Jesús y de creer de verdad en él. Por ejemplo, aquí donde estoy pasan muchísimos aviones. Pero como llevo tantos años no me doy cuenta, me he acostumbrado, ni lo noto. Está bien ese acostumbramiento al ruido. También nos acostumbramos a la oscuridad. La nariz se acostumbra a los olores. Es un acostumbramiento bueno. Pero hay también un acostumbramiento malo. El día en que me acostumbré al desorden en mi cuarto y ya no me importa, y cada vez soy más desordenado. Uno se acostumbra a gritar, a tratar mal a los demás o a decir palabras soeces. Pues está fatal. Hay gente que se acostumbra a mentir y las mentiras le salen casi sin darse cuenta. O me puedo acostumbrar al mal gusto.

El peor acostumbramiento

Pero con diferencia el peor acostumbramiento sería el acostumbramiento a ti, Señor. Si me acostumbrara a ti estaría perdido. No puedo acostumbrarme a ti Señor. No lo consientas. Reza conmigo, tú que me escuchas y dile al Señor: “Señor, tú siempre eres nuevo. Ayúdame a no tener una mirada envejecida sobre ti. No quiero ser como los de Nazaret. Vamos a pedírselo de verdad a Jesús. Señor renuévame, concédeme una mirada de niño que contemple con asombro tus cosas. Concédeme el espíritu de un recién convertido que se asoma a todo maravillado y que disfruta de todo. Ayúdame a no ser Nazaret.  Quiero estar donde la gente se agolpaba a la puerta para escucharte. Quiero estar donde expulsaste a aquel demonio y el endemoniado fascinado contigo quería seguirte a todas partes. Quiero ser como  los apóstoles en el lago que se llenaron de un temor tremendo al ver tu majestad y tu grandeza cuando calmaste la tempestad. No consientas que me acostumbré a ti.

Final, final

Te doy gracias Dios mío por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en este rato de oración. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí.

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1 comentario

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Zully febrero 8, 2020 - 10:12 pm

Amén!!

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