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Citas con La Biblia (VIII)

por Carlos L. Rodriguez Zía

El domingo 26 de enero, tercer domingo del tiempo ordinario, se celebró por primera vez el Día de La Palabra de Dios, instituido por el Papa Francisco. Un buen incentivo para darse una vuelta por las páginas de la Biblia.

El año pasado asistí a una conferencia sobre la Biblia. En un momento, el disertante nos preguntó cómo le rezábamos a Dios. Si sólo le pedíamos; si le agradecíamos; si lo hacíamos mecánicamente; o lo hacíamos con la confianza propia de alguien que está ante el Padre y que sabe que éste lo ama desde siempre y para siempre. Recuerdo que el hombre terminó su disertación recordando lo que Jesús aconseja hacer en el Evangelio de San Mateo cuando nos dirijamos al Padre. Y, en respuesta a esas palabras , todos nos pusimos a rezar el Padrenuestro. De cómo orar; de cómo conversar con Dios, hablan los siguientes versículos seleccionados de Las Sagradas Escrituras.

“Antes que llamen, yo les responderé; estarán hablando, y ya los habré escuchado.”

Isaías 65,24.

“Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá.”

Mateo 7,7.

“Eleven constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animadas por el Espíritu. Dedíquense con perseverancia incansable a interceder por todos los hermanos.”

Carta a los Efesios 6, 18.

“Oren sin cesar. Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús.”

Primera Carta a Los Tesalonicenses 5, 17-18.

Confiesen mutuamente sus pecados y oren los unos por los otros, para ser curados. La oración perseverante del justo es poderosa.”

Carta de Santiago 5, 16.

«Desde mi angustia invoqué al Señor, y él me respondió; desde el seno del Abismo, pedí auxilio, y tú escuchaste mi voz.”

Jonás 2, 3.

“Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.”

Mateo 6, 5-8

Cuando me pongo en presencia de Dios suele planteárseme la siguiente duda: ¿Qué hago? ¿Rezo el Rosario o hablo como si estuviera con un amigo o con el psicólogo? La duda se despeja cuando recuerdo que estoy en presencia del Padre, que me ama y, como dice el profeta Isaías, ya me ha escuchado antes de que mis labios se muevan. Un Padre que, como dicen el evangelista Mateo y el apóstol Pablo, nunca se cansa de escucharnos, de que le pidamos algo y a quien no le importa cómo nos encontremos Sólo nos pide que sepamos ser agradecidos y que no nos olvidemos de rezar por nuestro prójimo. Y que no hay que hacer nada especial ni ir a ningún lugar en particular para conversar con él. Porque Dios siempre está a nuestro lado. Se lo puede ver con los ojos del alma.  

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