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IV Domingo de Cuaresma – ¿Eres de verdad o solo «respiras»?

por Editor mdc
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Hace unos días estaba de paseo con una amiga y vimos en una tienda de animales la imagen que acompaña esta entrada. 

Fijaos… una tienda de animales donde venden… mascotas de mentira que respiran…

La verdad es que me pareció algo tremendo. Me eché a reír con mi amiga y comentamos lo absurdo de nuestra sociedad actual. Seguimos camino pero, a los pocos segundos, me di la vuelta e hice esta foto. Y le comenté a mi amiga: se me ha ocurrido una entrada para el blog. Y así fue.

Estas mascotas de mentira (que, encima, están tumbadas, sin hacer nada) me hablaron de cuántas veces nos quedamos en las apariencias en nuestra vida. Sí, estas mascotas parecen animales de verdad (no veáis cuánto…) y el cartel anuncia que respiran. Es decir, que aparentan ser de verdad animales vivos. Pero no lo son. No lo son.

Cuántas veces nosotros, por fuera, parece que vivimos una vida cristiana coherente (al menos un poco, jeje), pero en el fondo llevamos puesta una máscara que es la que mostramos a los demás. Parece que «respiramos» a Cristo, que le servimos, dejándonos el pellejo incluso en multitud de actividades de Iglesia, pero en el fondo hemos pactado con la mediocridad y el pecado. 

Decimos ser verdaderos, pero somos de mentira y vivimos en la mentira. 

Parece que somos verdaderos, pero en el fondo solo «respiramos» por fuera y por dentro somos de mentira. Sepulcros blanqueados lo llamaba Cristo…

En el fondo… estamos ciegos…

Pero siempre, siempre, podemos recomenzar. Podemos iniciar un proceso de conversión, sanación y salvación de nuestra vida. Solo hay que, de verdad, tomar la decisión de romper del todo con ese pecado (y con las personas que nos atan a él), volver todo nuestro ser a Cristo (eso es la conversión) y comenzar a caminar. Puede que despacio, puede que los primeros pasitos sean pequeños, pero lo importante es tomar la decisión de convertirse (de verdad, no de palabrita)… y caminar. Caminar… 

En el camino encontraremos hermanos, regalitos del Señor de los que agarrarnos de la mano y sostenernos en los momentos de debilidad, que nos quieren, que se duelen con nosotros y por nosotros. Porque Jesús nunca, nunca nos abandona. Y siempre, siempre, sale una y otra vez a nuestro encuentro. Como con el ciego del evangelio de este Domingo:

«Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del hombre?

Él contestó: ¿Y quién es, Señor, para que crea en él?

Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es.»

Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él.» (cfr. Juan 9, 1.6-9.13-17.34-38)

Jesús, quiero ver. Jesús, que vea. Creo, Señor, creo. Y me postro ante Ti. Conviérteme, Señor, conviérteme a Ti… ¿Y si hoy te digo que sí… y te dejo hacer en mí…? Seguro que escucharé al Cielo que exulta de alegría conmigo y por mí… (cfr. Lucas 15, 7)

Canción: Y si hoy
Autor: Paola Pablo

Para más artículos como este: poverella.blogspot.com

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