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Seamos siempre hombres de luz

por Card. Rubén Salazar Gómez
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En este cuarto Domingo de Cuaresma, se nos presenta el inicio de un discurso muy hermoso que tiene en nuestro Señor en el Evangelio de Juan, como el la luz del mundo que nos ilumina a nosotros, liberándonos de nuestra ceguera, de nuestras tinieblas, de nuestra oscuridad, escuchemos con suma atención el relato:

Evangelio según San Juan  9, 1. 6-9. 13-17. 34-38  

EN aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego  de nacimiento.  Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: 

 «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)»,  El fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que  antes solían verlo pedir limosna preguntaban:  «¿No es ese el que se sentaba a pedir?»,  Unos decían:  «El mismo».  Otros decían:  «No es él, pero se le parece».  Él respondía:  «Soy yo».  Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.

  Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos.  También  los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.  El les contestó:  «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».  Algunos de los fariseos comentaban:  «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».  Otros replicaban: 

 «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».  y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: 

 «y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»,  El contestó:  «Que es un profeta».  Le replicaron:  «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a  dar lecciones a nosotros?»,  y lo expulsaron.  Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:  «¿ Crees tú en el Hijo del hombre?».  El contestó:

  «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»,  Jesús le dijo:  «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».  El dijo:  «Creo, Señor».  Y se postró ante él.   

Palabra de Dios

Transcripción de La Voz del Pastor del 22 de marzo de 2020

Curación de un ciego, ese es un texto que nos recuerda una realidad fundamental del bautismo, el bautismo de los santos padres de la Iglesia era llamado la iluminación, porque la persona en el bautismo recibe la luz de Cristo.

 Hace ocho días veíamos el signo del agua hoy veamos el signo de la luz, al final del bautismo después de haber recibido el agua se entrega al niño recién bautizado, se entrega un sirio encendido del cirio pascual, que es el símbolo claro de Cristo resucitado, luz del mundo.

 Al recibir el sirio encendido se simboliza que precisamente el bautizado es curado del pecado, que es oscuridad, que es mentira, que es engaño, y por lo tanto es capaz con la luz de Cristo de ver verdaderamente el sentido de su existencia y de caminar como hijo de la luz, no en las tinieblas del error y de la mentira y del pecado sino como hijo de la luz, es decir en el respeto, en el amor, en la solidaridad, en la fraternidad.

Luz, el mundo en que vivimos nosotros, es un mundo contaminado, pensemos lo basa en la contaminación ambiental que hoy en día experimentamos permanentemente, es un mundo contaminado, pero es sobre todo un mundo contaminado moralmente, un mundo contaminado en la mente, porque es la mentira la que se impone permanentemente en la relación entre los seres humanos, es un mundo contaminado por la indiferencia, es un mundo contaminado por lo que el papá ha llamado la sociedad del descarte, eso que se usa y se tira, y lo mismo se hace con las personas, por esto estamos creando un mundo de basura, un mundo absolutamente contaminado, es un mundo en el que verdaderamente es muy difícil vivir, es prácticamente imposible vivir, sanamente, no sólo física sino también moral y mentalmente, por eso el Señor nos regala su luz, para que nosotros tengamos siempre la luz que necesitamos para poder caminar por donde debemos caminar, por no dejarnos desviar, no dejarnos ir para una para el otro, por los lados de la mentira y del engaño, no, el Señor nos da la capacidad de discernir y por lo tanto con la luz del Señor, nosotros vamos a poder siempre, no solamente descubrir el bien, que a veces está totalmente envuelto por hombre por sombras que nos impiden verlo, descubrirlo, porque más bien el mal es el que se nos presenta con las atribuciones de bien, descubrir el bien y optar por el bien, optar por la vida, por el respeto a la vida, por el respeto de los niños, por el respeto de los ancianos, por el respeto de las personas frágiles, de las personas necesitadas de las personas que no tienen por el respeto profundo a los demás, y por lo tanto ser capaces de vivir una vida de fraternidad y de solidaridad.

Tenemos que cambiar este mundo, ¿y cómo lo vamos a cambiar? pues precisamente porque el Señor al darnos su luz nos hace a nosotros luz del mundo, recordemos esas palabras del Señor en el sermón de la montaña ustedes son la luz del mundo, no podemos olvidar eso, no solamente nuestra vida tiene que cambiar, sino que al cambiar nuestra vida al asumir la luz de Cristo en nosotros, tenemos que convertirnos en luz para los demás, es decir tenemos que ser portadores de la verdad, portadores de la vida, portadores del respeto, de la reconciliación, del perdón de la ayuda mutua, de la fraternidad de tantas cosas que necesitamos verdaderamente para que este mundo no sea un infierno, sino que sea un mundo de justicia y de paz, pidámosle al Señor hoy, que seamos siempre hombres de luz, iluminados por Cristo nuestro Señor, iluminados por su palabra iluminados por sus sacramentos, para que así podamos ser luz para los demás, llevemos a los demás la luz y la fuerza de la verdad y del amor, pidámosle al Señor que en esta Cuaresma nosotros podamos darnos cuenta hasta donde somos hijos de la luz, o si por el contrario vivimos en un mundo de tinieblas, no solamente tinieblas físicas por la contaminación ambiental, sino sobre todo tinieblas morales, tinieblas mentales, tinieblas que nos impiden vivir una vida sana, una vida de paz, una vida alegre, auténticamente alegre y por lo tanto ser portadores de todo lo que necesita este mundo para hacer un mundo mejor.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre, Amén.

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