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10 Minutos con Jesús. Hoy: Aplausos y Caceroladas

por 10 Minutos con Jesús
Cacerolas

En el cuarto fin de semana de Pascua, compartimos esta meditación que difunde el equipo de 10 Minutos con Jesús. El equipo de 10 Minutos con Jesús está conformado por sacerdotes y laicos de EE.UU., México, Inglaterra, España, Colombia, Kenya, Filipinas, que hacen posible que miles de personas de todo el mundo pasen 10 minutos diarios de conversación con Jesús a través de WhatsApp, Spotify, Telegram, Instagram, YouTube, Ivoox, Podcast de Apple, Google Podcast.

Señor mío y Dios mío. Creo firmemente que estás aquí; que me ves; que me oyes. Te adoro con profunda reverencia, te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, san José, mi padre y señor, ángel de mi guarda intercede por mí.

Aplausos y caceroladas

Yo no sé si tú eres uno de los que salen a aplaudir todos los días a las ocho de la tarde, este gesto bonito que empezó en España con motivo del confinamiento, y para rendir un homenaje a todas las personas que están dedicando su tiempo, sus vidas a los demás como los médicos, enfermeros, las fuerzas del orden de la seguridad, pues todo el mundo. No voy a hacer ahora una lista porque me dejaré sin una mención especial pues a todas las personas que guardan también la limpieza en las ciudades, que siguen trabajando y manteniéndolas limpias. Pero tampoco no sé si serás de los que también salen al balcón alguna vez a dar cacerolazos que dicen en América Latina, y que en España llamamos caceroladas, que también pues están haciendo cada vez más frecuentes. Lo que se expresa con la cacerolada, pues es el desagrado, es la indignación, que es de lo que vamos a hablar hoy. Tal es así que ha salido hasta una página web que si no tienes cacerolas en casa le das al botón y hace todo el ruido: «clon clon clon«. Es simpáticas esa web.

Ruidos interiores

Y pensaba que esos dos momentos, los aplausos y la cacerolada, son como dos estados de ánimo, sentimientos, que puede ser que tengamos instalados dentro de nosotros. Puede ser que suceda que uno se levante -ya a ti te habrá pasado alguna vez quizás-, y ya desde la mañana y más en estas circunstancias en las que tenemos mucha incertidumbre sobre lo que va a pasar. Luego pasan muy pocas cosas en el día a día, y resulta que nacemos y amanecemos como con una cacerolada pero dentro de nosotros, “clon clon clon clon”, sonando dentro de nosotros “clon clon”, y no sabemos cómo quitarnos esta cacerolada interior. Que como se utilice esa expresión castiza, que me llevan los demonios, que parece que me llevan los demonios, y a lo mejor interiormente intentamos para animar el aplauso interior. Aplaudir,” clap clap”, para intentar animar, para acallar a esos demonios, y podemos tener esa lucha interior en la cual sería muy bueno, siempre acudir a Dios, siempre ir a los brazos de Jesús. Yo no sé si alguna vez haces la oración, yendo a los brazos del Jesús, yo lo hago algunas veces y me lo enseñó precisamente una universitaria de la ciudad en la que vivo. “Tiene que hacer la oración en los brazos de Jesús”. Y me añadía una cosa: “Pero no menos de medio minuto,  que si no, no llega”. Medio minuto por los menos en los brazos de Jesú. Te animo a que lo hagas también especialmente cuando hay caceroladas interiores. Necesitamos un poco de serenidad para poder ver las cosas con los ojos del Señor que nos hace falta y nos va a hacer falta.

Dice san Gregorio Magno

Sin embargo pensaba que la cacerolada expresa ese estado de ánimo de los sentimientos. Aquí tengo una cita de san Gregorio Magno, que lo expresa maravillosamente bien. Dice él:“Cuando palpita el corazón encendido por el aguijón, y el cuerpo tiembla, y el rostro echa fuego, y los ojos se exasperan, y no reconocen los conocidos, y la lengua prefiere voces, y el sentido ignora que está hablando, y que está hablando”. Pues yo creo que este sentimiento lo hemos podido tener todos alguna vez, cuando nos dejamos llevar por este sentimiento, por esta pasión, por el fuego de la ira y entonces empezamos a perder la razón, y empezamos a dar cacerolazos, a tener una cacerolada cósmica contra todo porque sí. Porque nosotros siempre estamos llenos de razón, porque lo que yo pienso, y lo que yo digo es así y punto. Y con qué facilidad, con qué facilidad cuando nos dejamos llevar por esta pasión, empezamos a humillar y a ofender al prójimo. A generar un estado dentro de nosotros que nos aísla, que no nos permite comunicarnos con Dios, ni comunicarnos como dice san Gregorio Magno. No reconocer los conocidos, que nos aislamos y dejamos de comunicarnos con las personas que nos rodean, y nos aislamos y nos quedamos como muy muy solos y “cloc cloc cloc cloc cloc” con una cacerolada cósmica. Pero a veces ha valido la pena dejarme llevar por la indignación, por el cacerolazo, por la cacerolada. Ya sabes que hace unos años hubo ese movimiento internacional también de la indignación que decía «indígnate, indígnate». Generalmente para nosotros,hay que reconocerlo, es tan difícil Señor que de mi indignación salga algo bueno.

Lo primero que debemos hacer

¡Cuántas cosas malas, cuántas veces señor te ofendido y ofendido a esos hijos que tanto quieres por culpa de mi indignación! ¡Cuántos días que estaban llamados para ser felices como todos los días de nuestra vida y sin embargo se han cubierto de la tela de la tristeza y de la soledad y de la pena! Porque me he llevado de la indignación. Jesús, te pido perdón por todas las palabras que he proferido desde la indignación y que no debería haber pronunciado. Te pido perdón de verdad ahora con un acto de contrición perfecto. Tantos actos de contrición que hacemos en el confinamiento. Por cierto lo primero, cuando salgamos de este confinamiento, busca un sacerdote y haz una confesión de los pecados. A lo mejor estás escuchándome y hace años que no lo has hecho. Pues quizá este confinamiento es un buen momento para decir: «Jesús, me tengo que poner de rodillas delante de alguno de tus sacerdotes y recibir tu absolución a través de ellos”.

Una «santa» ira

Sin embargo, sabes que la indignación no siempre es pecado. Para que no sea pecado, nos dice santo Tomás de Aquino citando también a este santo que dicho ahora san Gregorio magno, que la ira para que no sea pecado tiene que estar al servicio de la razón y por tanto al servicio del bien. De una razón iluminada por la belleza, por la bondad; es decir, la ira cuando se ejecuta debe ser esclava de la razón. Ésto qué bien lo saben los padres y las madres y los profesores, que son capaces de dejarse llevar por la razón, cuando tienen que enfadarse con una «santa» ira para poder corregir a sus hijos o a sus alumnos. Una ira que es esclava de la razón y que va a dirigir al bien de la persona que nos escucha. No solamente es buena sino que omitir esa indignación y no decir las cosas puede ser un pecado,  porque a veces hace falta esa ira santa, para provocar el bien en aquella persona que nos escucha. Jesús lo hizo en su vida. ¡Claro que lo hizo!. Acuérdate de ese discurso que lanza poco antes de morir crucificado en esa misma semana santa, cuando se dirige a los escribas y fariseos y dice: “Ay de vosotros escribas y fariseos, hipócritas”- y más cosas les dice: «Guías ciegos, que filtráis el mosquito pero os tragáis el camello. ¡Ay de vosotros fariseos ciegos, hipócritas!, vuelve a decir. Y luego, ya al finalizar, les trata duro: “Serpientes, engendro de víbora. ¿Cómo pretendes escapar de la condenación? Esto Jesús, cuando lo dice, no lo dice en plan cacerolada; aunque eso es un poco de cacerolada. ¿Para qué? Para que despierten. Pero Jesús lo hace con serenidad interior;  es decir,, es dejar desatar el sentimiento pero medido por la razón y para buscar el bien. Jesús, enséñame a que las caceroladas que tenga que dar en mi vida, en mi vida pública y en mi vida privada, estén siempre dominadas por la belleza, por la verdad, por la bondad. En el fondo, Jesús, que siempre esté en tu corazón y desde tu corazón hable y desde tu corazón grite si es necesario, cuando sea necesario.

Oración final

Te doy gracias Dios mío por los buenos propósitos afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía inmaculada, san José, mi padre y señor, ángel de mi guarda intercede por mí.  

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