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Hace 50 años: San Josemaría en Miami

por Editor mdc
San Josemaria Escrivá

En todos sus 73 años de vida, el fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá pasó apenas dos horas en territorio estadounidense. Pero esas dos horas fueron aquí, en Miami, antes de que se establecieran centros del Opus Dei en el estado de Florida.

Pasó esas dos horas en el Aeropuerto Internacional de Miami, poco antes de la medianoche del 14 de mayo de 1970, durante una parada en su extenuante vuelo Roma-Madrid-Miami-Méjico.

San Josemaría Escrivá, que murió en 1975 y fue canonizado en 2002, llegó por primera vez a América cuando tenía 68 años. Estuvo acompañado por el beato Álvaro del Portillo, su sucesor y prelado del Opus Dei (beatificado en 2014). También le acompañaba Mons. Javier Echevarría, quien fue sucesor del obispo Álvaro del Portillo y que murió en 2016.

El obispo Álvaro del Portillo, en su visita de tres días al sur de la Florida en 1988, recordaba lo ocurrido en 1970, cuando el avión se aproximaba para aterrizar en el aeropuerto a última hora de la tarde. En ese momento, al ver las luces de la ciudad de Miami, San Josemaría “empezó a rezar de un modo más intenso aún por América, y concretamente por esta parte de América, pero por toda América”.

El padre Raphael Caamaño, Vicario de la Prelatura del Opus Dei en los Estados Unidos por muchos años y cercano a San Josemaría, cuenta que le escuchó comentar en una reunión: «Lo único que vi de los Estados Unidos fue una pequeña sala de espera con una máquina de Coca-Cola rota». Y en una reunión en 1977, Álvaro del Portillo contó sobre esa parada en Miami. Dijo que, una vez ya en el aeropuerto, ofrecieron el sacrificio del calor y la humedad en una sala de espera pequeña y abarrotada.

Mons. Echevarría testificó que el Fundador lleno esas dos horas de oración insistente por los Estados Unidos. En una reunión con miles de jóvenes en Madrid en 2011, Mons. Echevarría habló sobre este evento. Respondiendo la pregunta de una joven estudiante cubana, mencionó este viaje. “Te quiero decir que tú, cubana, con tus amigas, sois fruto de la oración de San Josemaría. La primera vez que fue a América en 1970, tuvimos que detenernos en Miami, porque era aeropuerto de tránsito, y allí, mientras nos atendían y nos daban una Coca-Cola para que recuperáramos un poco la falta de sueño, estuvo hablando con un cubano, y le habló concretamente de las ganas que tenía de ir. Han pasado ya 41 años y no han disminuido esas ganas en el Opus Dei. Tenemos un deseo muy grande de llegar a trabajar en Cuba en cuanto nos lo permitan porque hay gente que está muy dispuesta a ir a esa tierra.”

San Josemaría siempre aprovechaba cualquier ocasión para intentar acercar las almas a Dios. Ese cubano que encontró en esa sala de espera del aeropuerto era un exiliado que debió contarle las muchas penalidades que habría sufrido, y San Josemaría le aconsejó: «no guardes rencor a nadie; trabaja, reza; olvídate del mal que te han hecho; y cuando vuelvas a tu país, no maltrates a nadie, que eso no es cristiano.»

Tan pronto como llegó a México, manifestó a los que le recibieron el motivo de su viaje: «He venido a ver a Nuestra Señora de Guadalupe y, de paso, a veros a vosotros». Y quiso ir a ver a Nuestra Señora de inmediato, pero no pudo ser en ese momento porque era ya muy de noche y el santuario estaba cerrado.

San Josemaría buscaba la intercesión de Nuestra Señora yendo a muchos de sus Santuarios en diferentes países. Eran esos años difíciles para la Iglesia Católica y también para el Opus Dei. Visitó el santuario de Guadalupe nueve días seguidos, rezando durante horas. El primer día pasó una hora y media de rodillas, con los ojos clavados en la imagen milagrosa de nuestra Señora. «No tengo virtudes para traerte, mi Señora», dijo. «Si tu Hijo hubiera encontrado un trapo más sucio que yo, no sería el fundador del Opus Dei». Apeló a su condición de hijo de una Madre misericordiosa, un hijo que no tenía mejores credenciales.

San Josemaría rezaba y pedía oraciones insistentemente por dos intenciones importantes: por la Iglesia, sufriendo la crisis de crecimiento que siguió al Concilio Vaticano Segundo. Y por una «intención especial». Pedía para que el marco legal del Opus Dei en la Iglesia se ajustara a su realidad teológica. Esto ocurrió años después, y él no llegó a verlo en la tierra porque moriría cinco años más tarde ofreciendo su vida a Dios por la Iglesia. Como había ocurrido en otras ocasiones, al terminar su viaje volvía desde México a Roma con el convencimiento “físico” de que Nuestra Señora le había escuchado y había resuelto los serios problemas que le preocupaban.

San Josemaría fue a México para pasar cuarenta días rezando a Nuestra Señora de Guadalupe y para visitar a sus hijos que vivían allí, y a quienes fueron a verle desde todas partes del hemisferio occidental. “Hijos míos,” les dijo, “he venido a Méjico no para enseñar, sino para aprender.”

En 1995, durante su estancia cerca de Boston, Mons. Echevarría (entonces Prelado del Opus Dei) contaba que mientras estaba en México, San Josemaría recibió a los que fueron a verle desde los Estados Unidos, mostrándoles su gran afecto y pidiéndoles que rezaran para llegar a amar mas a Nuestra Señora. Insistió en que “la devoción a la Madre de Dios es lo que permitirá que el Opus Dei se extienda por los Estados Unidos, para llegar así a los muchos que necesitan escuchar y responder a su mensaje, si quieren ayudar a transformar la cultura.” 

El Opus Dei tiene alrededor de 90,000 miembros, tanto hombres como mujeres. El 98% son laicos, la mayoría de los cuales están casados. El 2% restante son sacerdotes. El Opus Dei tiene una presencia permanente en Florida, con centros desde 1986 en Delray Beach y en Miami desde el año 2000.

Autor: Padre Jay Alvarez

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