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Juan 17,20-26.

por Pbro. Luis A. Zazano
Juan 17, 20-26

Evangelio según San Juan 17,20-26.

Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo:
«Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.
Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno
-yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste.
Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste.
Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos».

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Levantar la mirada.

1) Creerán en mí: cuántos en este tiempo están conociendo a Jesús. Muchos lo van descubriendo y van comprendiendo que es un Jesús que está de nuestro lado y nos está acompañando en este tiempo difícil y doloroso. Hoy Jesús está tocando muchos corazones y también está forjando un nuevo Pentecostés en muchas personas, para que ardan los corazones. Hoy damos gracias a Dios por vos, que en este tiempo de pandemia te encontraste o te encontrarás con Él.

2) Seamos uno: cómo nos viene insistiendo Jesús por la unidad entre nosotros y cuán triste es ver que los humanos nos dividimos, incluso en temas religiosos. Cuánto nos cuesta ponernos de acuerdo y cuán duro y difícil es la unidad también en la familia. Uno de nuestros errores es que, cuando manifestamos una idea, atacamos a la persona. Es como que lo primero que hacemos es liquidar al cartero que trae el mensaje. Y a esto me refiero tanto en lo civil como en lo religioso y en lo familiar. Hoy pidamos el don de la tolerancia y el poder aprender a generar diálogo.

3) Estén conmigo: qué lindo saber que Jesús nos tiene algo preparado, que vos y yo estamos en la lista de preocupaciones de Jesús. Es verdad que hay veces que queremos que se apure, pero bueno, estamos en su lista. Señor Jesús, danos la gracia de vivir en ti y poder esperar en ti.

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Un año con Jesus

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2 comentarios

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Joaquin Isla mayo 28, 2020 - 6:55 am

Dios los bendiga

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ana alvarellos mayo 28, 2020 - 1:40 pm

Si «estrujamos» bien este pasaje del Evangelio, tendremos la certeza de que sin Jesús no podemos hacer nada y, en cambio, con Jesús todo es posible, hasta llegar a ser una realidad única con el Padre. Nosotros nos quedamos siempre pensando en nosotros mismos y en los pecados que cometemos o no, pero no elevamos el corazón para meditar sobre el hecho de que podemos llegar a ser uno con Jesús y con el Padre. Hay una categoría de creyentes (¿?)que se deja paralizar por discusiones inútiles y provocadas maliciosamente, para hacer dudar a los pequeños, y no puede «ver» la gloria que nos espera en la unión que el Espíritu realiza por voluntad y obra de nuetro Señor Jesucristo. Levantemos nuestro corazón y nuestra mirada hacia el Crucifijo y carguemos con nuestras penas cotidianas, como participación en la obra de salvación que tiene como dulce consecuencia la unión en el espíritu de todos los corazones que aman. Un corazón que no está lleno de amor y solo contiene palabras de juicio, no es un corazón, sino un refugio del diablo y de todos los demonios. Todos estamos llamados a compartir la gloria, es decir, la alegría infinita de ver a Jesús Vencedor de todo y de todos, estamos invitados al banquete eterno en la mesa del Padre, somos partícipes de lo que racionalmente parecería imposible compartir, es decir, la realidad divina a través de la humanidad que Cristo ha insertado en la Trinidad, y sin embargo hay siempre alguien, pero no es uno de los nuestros, que polemiza sobre asuntos inexistentes. Corazón, no mente, mucho corazón, todo el corazón tenemos que investir por amor, porque en la mente puede pasar lo que ya pasó con Adán y Eva, llevándolos a la autonomía y a la separación.

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