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Afortunados

por Guillermo Wolf
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De a poco, el asistir a misa se va autorizando en distintos países. Hoy, Misioneros Digitales Católicos inicia una serie de artículos que estaremos compartiendo con nuestros lectores sobre la experiencia de volver a la casa del Padre, que es nuestra casa. El primer testimonio nos llega desde los Estados Unidos.

El pasado 17 de marzo fue el último día que pude asistir a la Santa Misa. Al día siguiente la Arquidiócesis de Miami suspendía todas las actividades en las bien ocupadas parroquias del Sur de la Florida.

Sin embargo, gracias al Internet y a todas estas maravillosas plataformas, lejos de paralizarse las actividades, todo el mundo vio como nuestros sacerdotes se volcaron a las redes para ofrecer la Santa Misa, retiros, charlas, meditaciones y hasta convivencias virtuales. Tuve la oportunidad de asistir a retiros, reuniones de los Caballeros de Colón, misa entre semana y hasta los domingos.  Lo mejor del caso, desde Misas oficiadas por el Papa, hasta una parroquia en un lejano pueblo en España o en Tucumán con mi amigo el Padre Luis.

Soy afortunado porque todos en mi familia tienen salud, incluyéndome a mí. No perdí mi trabajo ya que pude trabajar desde casa, atender a mi familia y de paso cultivar mi vida interior a través de los diversos medios de formación cristiana disponibles en la Internet. Estaba tan ocupado entre mi trabajo, mis actividades familiares y mis actividades con Misioneros Digitales Católicos, que prácticamente no me di cuenta de que había una pandemia y de que llevaba días sin salir de mi casa.

Poco a poco todo empezó a volver a la nueva normalidad. Empecé a ir a mi oficina y luego a mediados de mayo Mons. Wensky, Arzobispo de Miami, dio la feliz noticia de que a partir de mayo 26 las parroquias del Sur de la Florida abrirían sus puertas. Inmediatamente tuvimos una reunión en nuestra parroquia St. Bonaventure para organizar todo el regreso. El 31 de mayo tuve la oportunidad de asistir con mi familia a la Iglesia. Todos los asistentes usábamos máscaras. También tuve la oportunidad de colaborar organizando a los asistentes a ubicarse en los asientos y ser nuevamente afortunado de haber podido recibir a Jesús sacramentado por primera vez en más de dos meses. Para mí fue como recibir la Primera Comunión, pero esta vez con la conciencia de un adulto que entiende que está recibiendo al mismo Dios en la forma de un pan, a Jesús mismo. Que afortunados somos de poder tener a Dios con nosotros, saber que somos sus hijos, que siempre nos quiere y que siempre está dispuesto a recibirnos con los brazos abiertos a pesar de que le hayamos fallado.

Unos días antes también volví a ser afortunado al poder ver a mi Director Espiritual luego de más de dos meses y tener la dicha de confesarme. El Padre Álvarez usaba su máscara negra que hacia juego con su sotana y me comentaba lo ocupado que había estado (definitivamente Sacerdote que no está ocupado no es Sacerdote), cómo se había quedado varado en Texas en un curso de retiro y cómo pudo regresar a la Florida luego de dos meses y medio y lo mejor de todo pagando solo $36 por un ticket aéreo que usualmente cuesta 10 veces más que eso y en un avión prácticamente vacío. También es un afortunado.

Debo confesar que participar en misas a través de las redes sociales para mí fue como haber estado presente físicamente en la Iglesia y el poder hacer la oración de la comunión espiritual junto al Padre Luis o al Padre Eduardo entre otros, era como realmente recibir a Cristo en cuerpo y alma. La sensación de paz interior era tan real como cuando uno recibe a Jesús en la Eucaristía y creo que realmente lo es.

Hay muchas cosas buenas que podemos sacar de esta pandemia que todavía no ha terminado, y que ha causado mucho daño a tantas personas que han perdido sus trabajos y tantos que han perdido la vida, entre ellas la solidaridad humana. Pero hay algo que debemos recordar y tener siempre presente: Lo afortunados que somos de tener a Jesús con nosotros y poderlo recibir en la Eucaristía cuantas veces queramos y aun cuando no lo podamos recibir sacramentalmente, lo podemos recibir cada vez que hacemos oración, cada vez que en silencio conversamos con Él. Es importante que siempre recordemos que a pesar de que todo vaya muy mal, hay un Padre bueno y misericordioso en quien confiar. Y que contamos con nuestra Madre María que siempre nos guía.

No bajemos la cabeza en estos tiempos difíciles, cada contrariedad, cada mal rato, cada carencia es una oportunidad para ofrecerla a Dios por quienes están pasándola peor que nosotros. Así que en las buenas gracias Señor. En las malas, te lo ofrezco Señor. En estos momentos difíciles no dejemos de acudir a Jesús y pedir FE, esperanza y que sepamos vivir la caridad con nuestros hermanos.

Guillermo

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3 comentarios

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Susana Leiva junio 21, 2020 - 11:17 am

Sentí mucho de lo que dice Guillermo. En mi ciudad, Santa Fe de Argentina, recién estos días podemos asistir con turno porque solo entran 10 personas, pero pude comulgar luego de casi tres meses y fue así como dice. Bendiciones!

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Griselda junio 21, 2020 - 12:39 pm

GRACIAS POR TRAERNOS UNA BRISA SUAVE DE UNION Y FRATERNIDAD EN ESTOS TIEMPOS DONDE LA SOLEDAD, ANGUSTIA E INDIFERENCIA PARECE QUE ABUNDAN Y HACEN TANTO MAL AL ALMA. DUOS BENDIGA CADA ACCION, CADA PALABRA Y LAS SIGA MULTIPLICANDO. GRACIAS

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Editor mdc
Editor mdc junio 21, 2020 - 9:16 pm

Amén! Gracias por tus comentarios Griselda…

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