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Meditación del 8 de junio

por Pbro. Luis A. Zazano
Mateo 5, 1-12

Evangelio según San Mateo 5,1-12.

Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.
Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.»

Cada vez que visitas nuestros anunciantes estas ayudando
a Misioneros

El camino a la paz.

1) Vio la multitud y subió: esta es la propuesta que nos hace Jesús para nuestras vidas: estar en unión plena con Él. Aceptar la realidad que me toca vivir y llevarla a la oración. Ser personas contemplativas en este mundo. Vos y yo tenemos una chispa de lo divino en nuestro interior, la cual nos lleva a ver las cosas desde Dios. Una cosa es mirar a los demás desde Dios y otra cosa es mirar a los demás como Dios. Mirar desde Dios es tratar de encontrar su presencia en el otro. Ver como Dios es ya creerme que soy Dios y lo juzgo al otro. Nadie está llamado a juzgar.

2) Los discípulos fueron ante Él: hoy se te invita a ir a Él. Iniciar tu día en Él y junto a Él. Nunca me cansaré de decir que los católicos tenemos una gentileza tremenda de acción, pero muchas veces descuidamos la oración por tanta acción. No dejes de buscar a Dios en tu vida y de tener esos momentitos de oración que son el eje para ser discípulo e ir a Él.

3) Felices: es lo que implica ser bienaventurado. Ser y estar en Jesús. Pero es también gozar de su Espíritu, por ello termino con la oración al Espíritu Santo que hicimos en la Vigilia.

Espíritu Santo, aliento vital de vida, aliento vital de la Iglesia
Sin el Espíritu Santo, Dios es lejano,
Cristo permanece en el pasado,
el Evangelio es una letra muerta,
la Iglesia una simple organización,
la autoridad, un poder,
la misión, una propaganda,
el culto, un arcaísmo
y la actuación moral,
una conducta de esclavos.
En cambio, en Él:
el cosmos se encuentra ennoblecido
y movilizado para la generación del Reino,
Cristo resucitado se hace presente,
el Evangelio se vuelve potencia y vida,
la Iglesia realiza la comunión trinitaria,
la autoridad se transforma
en un servicio liberador,
la acción humana es deificada. Amén
Patriarca Atenágoras I

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Un año con Jesus

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1 comentario

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ana alvarellos junio 8, 2020 - 12:46 pm

Hoy leo las Bienaventuranzas y las veo como si Jesús nos llamara a todos bienaventurados por vivir y aceptar la vida tal como se nos presenta, sin quitar, agregar o modificar nada porque todo es voluntad Suya, que nos pide que cumplamos para poder alcanzarLo en el Reino. Sobre todo, nos pide que no nos apropiemos de la vida dirigiéndola o gestionándola o según nuestros esquemas, que son los esquemas del mundo, es decir, tratando de obtener el mayor beneficio y el mejor placer de la carne que nos reviste. Si descuidamos nuestro espíritu o hasta llegamos a ignorarlo con una vida de activismo desenfrenado, también olvidaremos que somos Hijos de Dios y tenemos un Padre que nos ama como nunca nadie nos ha amado. Esto sería una ruina para nosotros, ya que nos esperan decepciones y tristezas, hasta el perder la visión de nuestra existencia y su importancia. Nada está fuera de lugar si miramos la vida con los ojos del corazón y reconocemos que todo lo que haremos cada día es parte del gran plan de salvación que se está realizando por voluntad divina, de la cual somos pequeños obreros ejecutores.

¡Paz en nuestros corazones!

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