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Hospital Solidario Austral: el sueño de san Josemaría

por Editor mdc
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Gracias a la generosidad de muchas personas y organizaciones, desde el 1 de junio, el Hospital Solidario COVID Austral trabaja para atender y acompañar a los enfermos más vulnerables afectados por el coronavirus. Historias de vida que, en medio del dolor, encuentran caridad, cuidado compasivo, contención y esperanza.

El Hospital y la Universidad Austral, junto con el sistema de salud pública, la sociedad civil y cientos de voluntarios y voluntarias, se unieron hace varios meses para poner en marcha este hospital solidario del tercer cordón del Conurbano bonaerense. Se trata de un centro especializado en cuidados críticos, creado exclusivamente para la atención de pacientes graves de coronavirus sin cobertura médica, que son derivados desde el sistema público de salud. Fue construido y equipado en dos meses en el campus de la universidad y actualmente cuenta con 44 camas funcionales de alta complejidad, con capacidad para ampliar a 60.

La primera paciente

La primera paciente que recibió el Hospital Solidario Austral llegó con sus 97 años. Española de nacimiento, se vio obligada a dejar su tierra natal para viajar a Argentina junto a su marido, como consecuencia de la Guerra Civil. Su vida estuvo entrelazada por acontecimientos tristes y felices, que le permitieron trazar un camino de fortaleza que la empujó una vez más a salir adelante, solo que en esta oportunidad se trataba de un enemigo invisible que jamás imaginó. Con una simpatía inigualable, conmovió a médicos y enfermeras: “nos compró a todos», dijo Manuel Rocca Rivarola, director del Hospital Solidario, después de que recibiera la feliz noticia de que ya podía ser dada de alta.

La atención no es sólo física. Todos los profesionales y voluntarios asisten y acompañan a cada persona internada y a sus familias, considerando también las dificultades psicológicas generadas por el aislamiento. Son muchos los gestos de todo el personal de salud que intentan acompañar desde lo humano y lo espiritual a cada enfermo y enferma.

Clara, enfermera voluntaria, cuenta que el hecho de estar “encapuchadas” para evitar contagios no ayudaba a dar tranquilidad y confianza a los pacientes, por lo que optaron por una solución creativa: “decidimos poner una foto nuestra, que muestre cómo somos en realidad”. Y continúa: “Fue muy bueno por lo emocional, porque los pacientes llegan con miedo, están nerviosos y se suma que no saben quiénes somos”. Ella también confesó que tuvo que superar el miedo inicial: “es una enfermedad nueva y mucho no conocemos. Pero somos enfermeros y estamos para eso, así que ponemos lo mejor de nosotros para dar lo mejor”.

Desconcierto y dolor

En medio del desconcierto y el dolor que provoca el virus, hay pequeños momentos que iluminan el día a día, como el cumpleaños de Enzo. Médicos, médicas, enfermeros y enfermeras armaron un festejo con una gran torta y le cantaron el felizcumpleaños detrás del vidrio de protección. Enzo valoró que lo hayan acompañado en “el momento en que uno más difícil la tiene”. Y luego agregó: “Quiero agradecer de todo corazón a los doctores, a los enfermeros, por el esfuerzo, por preocuparse de que uno esté bien”.

“QUIERO AGRADECER DE TODO CORAZÓN A LOS DOCTORES, A LOS ENFERMEROS, POR EL ESFUERZO, POR PREOCUPARSE DE QUE UNO ESTÉ BIEN”.

Final feliz

Nicolás y Valeria relatan su historia con una sonrisa de felicidad al mirar a su bebé. Ambos son médicos del Hospital Austral y recibieron la noticia del hisopado positivo cuando Valeria transitaba el séptimo mes de embarazo. Los síntomas eran leves y sabían que las probabilidades de contagiar a su hija eran escasas, pero la sensación de angustia e incertidumbre era constante.

Sofía nació sana en medio de la cuarentena y su mamá y su papá extremaron los recaudos ya que, luego de la recuperación y de la licencia por paternidad, Nicolás volvió a trabajar al Hospital con pacientes COVID-19. “Seguimos con las mismas medidas de aislamiento y cuidados, trato de mantener el distanciamiento, tener siempre barbijo. Pero esto hay que pensarlo tanto para la sociedad como para la familia de uno. Podés contagiar o transportar el virus siendo asintomático», explica.

Fuertes dificultades

A veces las dificultades se sienten más fuerte, especialmente en estos últimos días en que los contagios se han multiplicado. “Ayer lloré por primera vez en la terapia intensiva, hace mucho tiempo no lloraba en el trabajo –llevo ya 20 años de enfermera y puedo distinguir y separar lo laboral de lo emocional/personal–, pero ayer me quebré del cansancio”, se desahoga una de las enferneras del Hospital Solidario. Un paciente tras otro, una práctica tras otra, atenciones permanentes, nervios; capacitación de los enfermeros y enfermeras recién recibidos, las antiparras se empañan, la máscara de seguridad molesta, dolor de cabeza, fuerzas que llegan al límite. Compañerismo en cada turno: son todos para uno.

Adentro de la unidad se apoyan y se ayudan; afuera, se contienen. En estos momentos, los valores y la misión se notan de una manera especial: “Lo que más me gusta de lo que hago es cuidar al que tiene posibilidad de salir y al que no. Ayer fuimos manteniendo a un paciente que ya no respondía a nada hasta que el terapista hizo vestir a dos de sus hijos y los acompañó para que pudieran estar con su papá y despedirse. La enfermera lo sabía y el señor estaba tan impecable en todos los aspectos que hasta tenía cara de paz. Eso es enfermería: cuidar todos los aspectos de la persona en todos los momentos de su vida😍😍”. Un homenaje a la profesión en el año internacional de la enfermería.

“EN 1974, DE VISITA POR ARGENTINA, SAN JOSEMARÍA COMPARTE UN SUEÑO A UN GRUPO DE MÉDICOS Y OTROS PROFESIONALES: PONER EN MARCHA UN HOSPITAL EN EL QUE SE PROMOVIERA EL DESARROLLO DE LA MEDICINA BASADA EN LA EMPATÍA Y LA COMPASIÓN…”.

Propósito profundo

Estos son algunos ejemplos que dan testimonio del propósito más profundo del hospital. Así lo compartió Lucas Niklison, presidente del Hospital Universitario Austral, durante el acto de inicio de actividades del hospital solidario en la que participaron el Presidente de la Nación y otras autoridades públicas de la Nación, la Provincia y el Municipio, junto con donantes y representantes del Hospital y de la Universidad Austral.

“En 1974, de visita por Argentina, san Josemaría comparte un sueño a un grupo de médicos y otros profesionales: poner en marcha un hospital en el que se promoviera el desarrollo de la medicina basada en la empatía y la compasión, la calidad y la seguridad, centrada en la persona y en ayudar a los pacientes y sus familias a comprender el sentido profundo del dolor y el sufrimiento”. Un sueño que vuelve a hacerse realidad y se renueva gracias a la unión generosa de instituciones, empresas, familias y personas que aportaron lo necesario para sacar adelante este proyecto solidario que pone en el centro a los más vulnerables, y ofrece aires de humanidad ante el drama del coronavirus.

Fuente: Opus Dei

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