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Santa Teresa y yo

por Carlos L. Rodriguez Zía
madreteresa

La santa Madre Teresa de Calcuta será otra de las protagonistas del seminario mundial Santidad en el Siglo XX, que tendrá su primera jornada mañana y que podrá ser seguido vía Zoom y You Tube.

¿Puede un encuentro fugaz en un aeropuerto convertirse en uno de los recuerdos de tu vida, al punto de que cuando lo relatas de la impresión de que lo estás viviendo en ese preciso momento? Puede ser, si la coprotagonista del hecho es la santa Madre Teresa de Calcuta.

Santa Teresa, el guardespaldas y yo

Todo ocurrió en el aeropuerto de Roma. Como antesala del encuentro, la imagen de un grupo de monjas de la Madre Teresa de Calcuta caminando a toda prisa por el hall principal. Ya afuera del aeropuerto, esperando un taxi y como si de una película se tratara, vemos que la imaginaría cámara de filmación dibuja un primer plano de Luis Alfredo Díaz -músico católico de exitosa y prolongada trayectoria- que se gira y ve un enjambre de personas provistas de cámaras y micrófonos casi echarse encima de una pequeña mujer. «Yo estaba a punto de subirme a un taxi, cuando al lado mío, como almas que lleva el diablo, pasan corriendo periodistas y fotógrafos, sacando fotos y lanzando preguntas, ruegos, pedidos»», cuenta Don Luis. El objetivo de ese ejército de la prensa era una pequeña mujer, que caminaba con sus dos manos unidas en gesto de oración.

«Inmediatamente -continúa relantando Don Luis- me dí cuenta de que se trataba de la Madre Teresa de Calcuta. Y como ella venía hacía mí y y yo tenía mi mirada clavada en esas pequeñas, frágiles y piadosas manos, extendí la mía para tocarlas.» No fue la mejor decisión. «En ese preciso instante, uno de los guardaespaldas que caminaba a su lado me aparto bruscamente.»

En ese instante, dice el creador del festival musical internacional David, sucede el milagro. «Esa pequeña mujer, la hoy santa Madre Teresa de Calcuta, levanta su cabeza y me clava su mirada mientras continúa caminando. Y sin dejar de mirarme hace un gesto disculpándose conmigo por lo que había hecho el guardaespaldas, que por cierto estaba haciendo su trabajo. El hombre no podía saber si yo sólo quería tocar esas pequeñas manos morenas y arrugadas, o hacerle daño. Recordemos el atentado a San Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro».

El poder de sus ojos

A pesar de que ya han pasado muchos años de este fugaz encuentro, hay algo que permanece vivo en Don Luis, como si hubiera ocurrido segundos antes de que conversáramos vía Zoom. El desde España. Yo desde Argentina. Fueron sus ojos. «Aunque el cruce de nuestras miradas duraron sólo unos segundos, yo sentí una energía tan fuerte. Pienso que algo así habrá sentido Zaqueo cuando lo miró Jesús. En ese instante, yo entendí que esa mujer me había transmitido su cariño ante el maltrato que había recibido de parte del hombre que la custodiaba,» recuerda Luis.

Más recuerdos

Este y otros recuerdos compartirá mañana Luis Alfredo Díaz durante su participación en el Seminario Mundial Santidad en el Siglo XXI, que tendrá lugar virtualmente los días 17, 24 y 31 de octubre. Para más información, dirigirse a la página de la Academia de Líderes Católicos: http://www.liderescatolicos.net/santidad/

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