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El rey que resucitó

por Editor mdc
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Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida y habitar en la casa del señor por años sin término

Evangelio según San Mateo 25,31-46

Jesús dijo a sus discípulos: 
«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.
Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,
y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,
porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;
desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver’.
Los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?’.
Y el Rey les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo’.
Luego dirá a los de su izquierda: ‘Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,
porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;
estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron’.
Estos, a su vez, le preguntarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?’.
Y él les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo’.
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna».

Transcripción de La Voz del Pastor del 22 de noviembre del 2020

Estamos en el último domingo del año litúrgico, estamos en la celebración de Cristo Rey y Cristo Rey se nos presenta en la primera lectura  en el salmo y en el evangelio como un pastor, como un pastor que busca el rebaño, que cuida a las ovejas, que está pendiente de su rebaño. Qué bueno ver a nuestro Dios rey como pastor, sirviendo, construyendo el rebaño, cuidándolo, protegiéndolo, amándolo; esa es la condición del rey que nosotros amamos, ese es el rey que murió en la cruz, ese es el rey que resucitó, ese es el rey que se nos da como pan de vida, es el rey que le lava los pies a sus discípulos, es el rey que quiere que nosotros nos amemos unos a otros y por eso en el capítulo 25 de San Mateo, con esta parábola, nos está hablando de un pastor que separa a las ovejas y que separa a unos de otros. 

Y la separación no tiene otro criterio, el amor, el comportamiento mire que separa a algunos de distintos sitios, los pone unos a un lado y los otros salud para manifestar algo muy importante la capacidad que tuvieron para servir al otro, encontraron a alguien con hambre, encontraron a alguien con sed, encontraron a alguien enfermo, a alguien desnudo, a alguien que era un peregrino, que es un migrante de otro país, que estaba buscando dónde poder trabajar, dónde poder vivir. 

Esta parábola es muy actual, siempre será actual, porque la palabra de Dios es viva, es eficaz, es eterna, es de todos los días  es buena noticia y nos está diciendo el evangelista Mateo que el señor Jesús, con esta parábola, nos está invitando, nos está sacudiendo para que nosotros abramos los ojos. 

Mire que los justos cuando son invitados al banquete dicen: pero Señor, cuándo te vimos enfermo, cuándo te vimos en la cárcel y fuimos a visitarte, cuándo te vimos con sed y te dimos de beber, ni siquiera los justos saben cuándo fue que hicieron eso por Dios y sabe cuándo lo hicieron; cuando lo hicieron con el que está cerca, con el que está a su lado, con el que está sufriendo, con el que está para decir las situaciones de la vida. 

Por eso es tan importante tener los ojos abiertos para poder descubrir en el rostro del hombre, de la mujer, del que está tirado en el camino, que puede ser un desconocido, reconocer allí la presencia del pastor bueno del rey de reyes, del amado nuestro. Y si usted fuera invitado a servirle al Señor, si usted fuera una persona y estuviera disponible para servirle a Cristo Jesús, el Señor yo sé que usted lo haría, su familia también lo haría, estarían dispuestos a calmar la sed del Señor, estarían dispuestos a mostrarle el amor dándole hospedaje, dándole vestido, compartiendo con él los alimentos, pues Dios está con nosotros, Dios está a nuestro lado, Dios comparte la vida con nosotros, Dios no es un rey lejano, no es un rey que abandona a su rebaño, es un rey que está aquí un Dios que sufre, un Dios que padece en el rostro de las personas concretas.

Por eso es tan importante que nuestra espiritualidad cristiana, su espiritualidad, sea una espiritualidad con el corazón y con el alma puesta en el rey de reyes, que es Cristo Jesús. Pero no como un acontecimiento del pasado, sino como un acontecimiento presente de todos los días. Es que el amor es eterno y el amor todos los días nos reclama cercanía, nos reclama fraternidad, solidaridad y servicio. 

En este año de la pandemia han surgido muchas personas, muchos hombres y mujeres con una voluntad de compartir con una voluntad, un deseo y un corazón dispuesto a reconocer al que sufre como presencia viva del Señor. Ellos reconocen el reino de Dios, ellos reconocen a Cristo como el rey, pero el rey nuestro, el rey que amamos, el rey al cual seguimos, al cual servimos, es un rey que padeció por nosotros, que se hizo uno de nosotros, que se quedó en la eucaristía, que nació pobremente a compartir en todo nuestra condición humana -en el pecado-.

Por tanto, cada vez que nosotros descubrimos la imagen de Dios en nuestra familia, en el vecino, en el migrante venezolano o aquel que llega por nuestras tierras necesitados de acogida y somos capaces de ver la figura de Dios en ellos, estamos sintiendo que el reino de Dios se cumple, se vive, se construye, se celebra aquí en el hoy  en la presente situación, en que estamos viviendo. Este es un año para que nosotros descubramos al Dios sufriente, a nuestro lado al Dios que no busca, que nos cuida, que nos protege. 

El Salmo de hoy es muy bello, él me busca, él me cuida, él me protege, él me conduce y aunque caminemos por cañadas oscuras y su familia, mi familia, la humanidad entera puede estar caminando por una noche oscura, pero el pastor del rebaño, el que da la vida por usted y por mí a nuestro lado nos está guiando, nos está protegiendo. Dejémonos amar por el Señor y ese amor no lo guardemos internamente. Convirtámoslo en obras de misericordia, que cada obra de misericordia es como una señal que nos muestra el camino al reino de Dios, al cielo. 

Que el Señor bendiga su vida  su familia, que haga de su hogar y de su historia personal un camino de fraternidad con nosotros, porque en últimas nos llevaremos una sorpresa. Cada obra de amor que realizamos con aquel que estaba necesitado, fue una obra de amor que realizamos con el mismo hijo de Dios, con Cristo Jesús que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos y nos invitará. Vengan benditos de mi padre porque tuvieron ojos y corazón para reconocer. 

Que el Señor nos bendiga y acompañen esta semana en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

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