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Bienaventuranzas digitales

por Mons. José Ignacio Munilla
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El espíritu de las bienaventuranzas es clave para modular el estilo con el que un cristiano está llamado a hacerse presente en las redes sociales, por la sencilla razón de que las bienaventuranzas son el autorretrato del Corazón de Cristo.

Aquel que desee testimoniar a Cristo en el continente digital –por supuesto, al igual que en el resto de los continentes— necesita estar transfigurado por la luz de las bienaventuranzas.
Sin duda alguna, la principal de las ocho bienaventuranzas es la primera: “Bienaventurados los pobres de espíritu”. Acudir a las redes sociales impregnados del ‘espíritu de pobreza’ se traduce en no buscar en ellas ‘poder’, ‘prestigio’, ni siquiera ‘autoestima’.

Y es que, lo verdaderamente importante no es nuestro perfil en Linkedin, sino lo que somos ante Dios. ¡Somos lo que somos para Dios! ¡Dios es nuestro público! El amor de Dios es quien funda nuestra autoestima, y la confianza en su providencia es la brújula que nos conduce en la vida.
Por desgracia, las redes sociales se han convertido en un refugio y fábrica de las heridas narcisistas. No está de más que recordemos que en el mito griego que dio origen al término de ‘narcisismo’, Narciso muere ahogado en el río. Su problema es que se ‘gusta’, pero no se ama. Y en las redes sociales existen muchos usuarios que se quieren gustar, pero que no se aman a sí mismos. Para sanar este problema de fondo, se requiere ser ‘pobre de espíritu’; es decir, tener viva conciencia de que solo Dios es nuestro tesoro, la roca en la que nos fundamentamos. Nuestra autoestima no depende de los ‘like’ que podamos reunir.

Orden de importancia

En mi opinión, la segunda bienaventuranza en orden de importancia a la hora de inspirar nuestra presencia en las redes sociales, es la siguiente: “Bienaventurados los limpios de corazón”. En efecto, la autenticidad interior es determinante para poder tener capacidad de empatía y de comunicación. Por desgracia, muchos perfiles de redes sociales no muestran el yo real, sino una falsa imagen que nos hemos hecho de nosotros mismos… Ahora bien, las bienaventuranzas están, todas ellas, entrelazadas; y para poder ser ‘limpio de corazón’ hace falta ser ‘pobre de espíritu’. O, dicho de otra forma, para poder ser auténtico necesitamos estar despojados de falsas seguridades y vivir en la presencia de Dios. La sinceridad y la honestidad se nos hacen muy difíciles cuando nos sentimos observados y condicionados por el juicio ajeno.
Por otra parte, debemos prestar atención a las bienaventuranzas que se refieren a nuestra sensibilidad hacia la justicia y la caridad con el prójimo: “Bienaventurados los que lloran”, “bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia”, “bienaventurados los pacificadores”… Las redes sociales sirven para amar o, de lo contrario, no sirven para nada. ¡Qué gran altavoz para dar la palabra a quienes no tienen voz! ¡Qué gran oportunidad para salir de nosotros mismos, poniendo en práctica la regla de oro: “Trata a los demás como quisieras que ellos te tratasen a ti”! ¡Qué herramienta tan potente para ampliar nuestros horizontes, con creatividad y espíritu de comunión!

Al mismo tiempo, no debemos olvidar las bienaventuranzas que retratan nuestro interior: “Bienaventurados los mansos” y “bienaventurados los misericordiosos”. En efecto, las redes sociales están llenas de violencia, de trolls que, sin ser conscientes de ello, buscan desahogar sus frustraciones interiores. La mansedumbre y la misericordia son nuestra divisa y escudo. No podemos devolver mal por mal. ¡El que esté libre de pecado que tire la primera piedra! Sin olvidar nunca la máxima agustiniana: “Odia el delito y ama al delincuente”.

Por último, la octava bienaventuranza es tan singular como profética: “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia”. Por mucho que el espíritu pacífico inspire nuestra presencia en redes sociales, en la medida en que nos comprometamos con la verdad y no pactemos con lo políticamente correcto, con toda seguridad, habremos de abrazar la cruz de la incomprensión y la persecución. El espíritu de las bienaventuranzas es tan pacífico como valiente y audaz. Si al Maestro le han perseguido, ¿no han de hacerlo también con los discípulos? ¡Lo preocupante sería que todos hablasen bien de nosotros!

Con un poco de atrevimiento, concluyo con la conocida ‘bienaventuranza’ de Santo Tomás Moro: “Bienaventurados los que saben reírse de sí mismos, porque no les faltará diversión”. Se trata de algo necesario para poder estar presente en redes sociales y no morir en el intento: Sentido del humor, especialmente, sentido del humor hacia uno mismo.

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