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Como los sueños de San José

por Pbro. José Luis Pinilla
San-José-durmiendo

Pero a los que nos interesa ‘Desde la valla’ es que el papa Francisco también llega a proponer a San José como “santo patrono de los migrantes”. Así lo describía en la carta apostólica del año pasado ‘Patris corde’ con motivo de los 150 años de su declaración como patrono de la Iglesia universal que repasé de nuevo para este 19 de marzo pensando en San José como acompañante anónimo de tanta gente afectada por la pandemia… y las migraciones. 

Repasé también las pocas palabras que la Biblia dice del santo y me dejé llevar por sus sueños mientras la imaginación volaba en su huida a Egipto asociándola a tanto santo anónimo que camina por los senderos del difícil itinerario de los migrantes. Aquellos que palpitando incertidumbres a cada paso buscan tantos horizontes y tantas respuestas: ¿hacia el norte? ¿Hacia el sur? ¿Hacia el este o el oeste? Algo continuo le empuja a buscar en sus brújulas vitales las claridades y las estrellas que les hagan abandonar islas de soledad sin sentido. O a evitar el mar salado para que no desbarate sus móviles (en los amplios sentidos de la palabra) y que apuntan hacia la orientación precisa para lo que buscan sin que se desbaraten muchas vidas. 

El patrocinio de San José 

Quizás el patrocino de San José les ayude a los que huyen de su vida imposible para caminar más hacia las estrellas, hacia las claridades que a veces surgen en tantas noches errantes. Así en la tierra como en el cielo. 

Y al lado de preguntas y testimonios, busqué experiencias de los mismos migrantes y sus “acompañantes”. Como la de Jorge Gordillo López, del Servicio de Jóvenes Jesuitas Voluntarios en México, que trabajó junto con los migrantes en un taller de escritura y en tareas para impulsar la lectura en la Casa del Migrante de Saltillo, que, a través de años y diversas dificultades, amenazas, apoyos y encuentros, ha dado hospitalidad. Una motivación fundamental para los migrantes fue la lectura del poema ‘La bestia’, de Daniel Rodríguez, quien les abrió a la posibilidad de hacer poesía sencilla de su experiencia. Muchos lo hicieron narrando viajes, huidas, búsquedas… 

Esta voz interior tan sencilla que os ofrezco se titula ‘Una canción’. Y está escrita por dos migrantes tan anónimos que solo sabemos su nombre: Ernesto y Vicente. 

“Señor quiero preguntarte ¿si lo que he vivido significa algo? 

–Un hombre mutilado 

–Mujeres violadas 

¿En qué momento la masacre se convirtió en una aburrida noticia para la gente? 

Señor, déjame ir contigo y cruzar las fronteras del mundo. 

Señor aun no tengo mi visa, ni pasaporte. 

Señor llévame contigo al cielo, soy un migrante, no me cobres cuota. 

Señor, ayúdame. 

Nuestro camino es una cacería sangrienta. 

Nuestra sangre cubre las tierras mexicanas. 

Nuestro destino, un secuestro y dolor para nuestras familias. 

Señor aun no tengo mi visa, ni pasaporte. 

Señor llévame contigo al cielo, soy un migrante, no me cobres cuota…. 

Señor, llévame en un tren rumbo al cielo y no me preguntes si tengo visa, no me asaltes, no me golpees solo eso te pido”. 

El último verso es una asociación con la experiencia de su ruta migratoria en el llamado tren de ‘La bestia’ que pusieron en primer plano ‘Las patronas’ y el obispo de Saltillo, Raúl Vera, ejemplar defensor de los empobrecidos. Un tren que lleva sobre sus espaldas a tanto migrante dolorido desde Centroamérica a la Frontera mexicana. 

Fuente: Vida Nueva

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