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Meditación del día 16 de noviembre

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según San Lucas 19, 1-10

Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad.
Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos.
El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura.
Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí.
Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa».
Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar en casa de un pecador».
Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más».
Y Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

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Buscaba a Jesús

1) Quería ver a Jesús: Estas son las ansias de Zaqueo. Él quería verlo y eso lo llevó a investigar y buscar, conocerlo, tener un encuentro. Es esto lo que se te propone en la vida cristiana. No seas un espectador de tu religión, métete, investiga, conoce; porque el objetivo de tu vida cristiana es que te encuentres con Cristo y que disfrutes de ese encuentro. Creo que a veces no lo tenemos muy clara y vamos a la iglesia como para ir al cine para ver una función y no es así. Vos vas a la iglesia como protagonista para agradecer lo vivido y pedir lo que te falta. Es comprometerte poniendo tu vida en Dios y a Dios en tu vida.

2) La estatura y la multitud: Estas son las dos dificultades que tiene Zaqueo. La primera, la gente que no lo deja llegar a Jesús. Lo que nos pasa a vos y a mí cuando la gente que está a nuestro alrededor nos chupa el tiempo y la vida y ni siquiera nos deja «tiempo para ir a misa los domingos»; para ese único momentito en la semana para ver a Jesús. Esa gente que nos llena la cabeza de cosas y nos marea. Pero también está la estatura, nuestros límites; y reconocer que hay cosas de nuestra personalidad que nos alejan de Dios más que nos acercan. Que el entusiasmo no te haga perder querer ver a Jesús.

3) La salvación: Zaqueo se convirtió, cambió. No era solo para sacarse un selfie con Jesús y subirlo a su Instagram, no lo hizo por cholulaje. Cambió su vida porque se convenció de lo que era la Buena Noticia. Cuántas personas han cambiado al conocerlo a Jesús, cambiaron su vida de una manera radical porque comprendieron que no podían seguir así. Hoy, mira vos tu vida y volvé a preguntarte: «Yo, ¿qué hago para ver a Jesús?».

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