Señor, frente a Ti en el Sagrario, repito las palabras del Salmo. Tu presencia y tu palabra me dan seguridad y refugio. Tengo mi confianza puesta en Ti tanto en el día de la alegría como en el tiempo del miedo.
A veces siento que los problemas que enfrento son imposibles de resolver. Todo parece estar en contra. Pero sé que cuento contigo, Señor, que no estoy solo, que no debo tener miedo y que refugiándome en Ti, recurriendo a Ti en la oración y recibiéndote en la Eucaristía, tendré serenidad interior, la fortaleza de espíritu y la paz porque Tú, mi Dios eres mucho más grande que cualquier problema.
Sin Ti, nada puedo hacer. Te necesito Señor, sentir tu presencia, ver tu rostro en la Eucaristía. Sé que todos nos sentimos inseguros en algunos momentos. Si clamamos a Ti por ayuda, si elevamos nuestras oraciones y ruegos, poniendo toda nuestra confianza en Ti, Tú siempre nos escuchas. Tú no nos abandonas en nuestra hora de necesidad.
Gracias, Señor, por darnos tu paz y alivio en los momentos más duros de la vida.
Amén
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