Madre de la Esperanza
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra,
tú que permaneciste de pie junto a la Cruz de tu Hijo,
enséñanos a no huir de los momentos de dolor.
Tú, que en el silencio de la tarde del Calvario, sostuviste con tu fe la esperanza de toda la Iglesia,
danos la fuerza para abrazar nuestras propias cruces
con la confianza de que no estamos solos.
Madre de la Esperanza,
así como estuviste presente en el sacrificio de Jesús,
quédate junto a nosotros cuando la oscuridad nos aceche,
cuando el cansancio nos venza o cuando el corazón se nos rompa.
Ayúdanos a comprender que, tras el dolor de la Cruz,
siempre brilla la luz de la Resurrección.
Que tu presencia nos sostenga y tu amor nos consuele,
para que sepamos ser, como tú, testigos de la paz incluso en medio de la tormenta.
Amén
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