Evangelio según san Juan 6, 44-51
Jesús dijo a la gente: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día.
Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí.
Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre.
Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.
Yo soy el pan de Vida.
Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.
Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.
El Padre que envió
1) Venir: Cuando trabajaba en una empresa escuché esta frase que me hizo mucho ruido: “Siempre contratamos a la gente por lo que sabe y la despedimos por quienes son”. Capaz que contratas a la persona por ser súper eficaz en el trabajo, pero lo terminas despidiendo por una mala actitud, por chismosa, etc. Hasta una vez me tocó despedir a una secretaria porque era súper eficaz en su trabajo, pero lamentablemente trataba mal a la gente. La clave es tomar a la persona por lo que es y no por lo que dice saber hacer. Con esto del despido aprendí que hay que contratar lentamente y despedir rápidamente. Esto lo aprendí bastante con la experiencia, porque si uno se rodea de gente que va lastimando, estás alimentando una bomba de tiempo. Yo era al revés, contrataba gente rápidamente y despedía lentamente, llevándome a tener grandes dolores estomacales y demasiadas presiones. Porque, quieras o no, una parroquia se maneja como una empresa que tiene empleados y servicios a pagar. Aprendí que es mejor tener una vacante que tener una mala ayuda, hasta aprendí que contratar es por su capacidad y personalidad más que por necesidad. Esto me lleva a plantearte por qué toleramos gente incompetente en nuestras vidas (ya no te lo digo en el ámbito de negocio, trabajo, sino también de tu vida en sí). Separo lo que es de relaciones de la vida espiritual, porque también podemos confundir, una cosa es lo profesional laboral y otra lo espiritual. Si no sería como mis alumnos que me dicen: “¿Por qué me desaprobó si usted es sacerdote?”. No dejes que nadie infecte por meses tu paz interior y tu trabajo, por eso la parte laboral yo la delego, porque como cura no somos buenos administradores porque mezclamos lo terrenal con lo celestial: “No padre, no me cobre este mes”. Hay veces que decimos a Dios: “Sácame esta persona de encima”, y Dios te dice: “Sácatelo vos”. Dios nos regala el discernimiento para ver a qué personas somos enviadas y a qué personas dejamos entrar. El problema es que muchas veces ignoramos las alarmas que Dios nos pone: “Fíjate en esto, mira aquello otro”. Jesús es el enviado y no el bombero de nuestras vidas. Por lo tanto, ser enviados es ser decididos y discernidos.
2) Instruidos: Siempre tenemos que ser honestos con Dios. Dicen que Benedicto XVI oraba muy simple y natural sin tantas flores en el habla. Decile al Señor: “Este soy yo”, y luego dile “Aquí estoy”. Porque esto es lo que me pasa, Dios sabe dónde buscarte, pero también déjate encontrar. Gracia es el perdón inmerecido y eso es lo que te lleva a ser una persona agradecida. Por tanto, instrúyete en el mundo espiritual y busca esa intimidad con Dios desde tu honestidad y desde la simplicidad, capaz que con un momento de silencio o un simple decir “aquí estoy”, basta.
3) Comieron: Cuando leo la bíblia profesionalmente y no devocionalmente puedo caer en la tentación de ser un erudito más que un testigo de Jesús vivo. Pasa mucho con biblistas. El mayor peligro de la gente es cuando no lee la palabra de Dios o cuando no va a vivir la eucaristía por sí mismo, sino que lo hace por cumplir o aparentar. Hasta incluso muchos de nosotros leemos la palabra de Dios para ver qué es lo que Dios dice a los demás, y comprendí con el tiempo que es Dios quien me habla a mí y ante mi situación, para que luego enriquezca a los demás. Muchos de los curas y monjas sufrimos de anemia espiritual, porque damos de comer a los demás, pero nosotros no nos alimentamos de Dios. Por eso, mientras vivas aliméntate de Dios, busca la eucaristía y su palabra, que es el pan de los ángeles. Algo bueno está por venir.
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