Evangelio según san Juan 6, 51-58
Jesús dijo a los judíos:
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.
Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”.
Jesús les respondió: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”.
¡El Pan vivo!
1) Vivirá: Cuentan que un turista americano fue a la ciudad de El Cairo (en Egipto) con la finalidad de visitar a un famoso sabio. Lo que le sorprendió al turista es que encontró al sabio en un cuarto pequeño y lleno de libros. Solo tenía una cama, una mesa y un banco donde sentarse. El turista americano lo miró con desconfianza porque decía: “Este hombre, con tantos libros publicados, vive con estas tres cositas”. El sabio lo miró y le dijo: “¿Qué sucede que me mira así?” El americano le contestó: “Desconfío de que usted sea el magnate sabio por lo que tiene”, y el sabio le dijo: “¿Y dónde está lo suyo?”. El americano le dijo: “Pero es que yo estoy aquí de paso”, y el sabio le contestó: “Y yo también”. Estamos de paso, ya sea que seas turista o que entiendas lo que es la verdadera vida, estamos de paso. Uno tiene que aprender a dejar los muebles atrás. Si nada nos llevamos de este mundo ¿para qué vamos a cargar con ellos? No tiene sentido. Deja de estar renegando todo el tiempo por la cosas materiales. El Principito le dijo a la rosa “Te amo” y ella le contestó “Yo también te quiero”. El Principito le dice: “No es lo mismo”. Querer es tomar posesión de algo o alguien, querer es buscar en los demás eso que llena las espectativas personales de afecto o de compañía, querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, querer es adueñarnos o desear algo para completarnos porque nos reconocemos carentes. Querer es esperar y apegarse a las cosas, a las personas, a partir de nuestras necesidades. Por eso, cuando no tenemos esa reciprocidad hay sufrimiento. En cambio, amar es permitir que tu camino sea feliz, incluso con mi ausencia, por eso el amor nunca será causa de sufrimiento. Hay gente que sufre por querer más que por amar. Se sufre por apego, porque cuando se ama no se espera nada del otro. Jesús en la Eucaristía nos ama.
2) Darnos: José Saramago, un escritor portugués, decía que hay momentos en la vida que para que el cielo se abra es necesario que una puerta se cierre; para empezar hay que terminar. Uno no puede empezar algo si no suelta lo anterior. Hay cosas o personas que antes te ayudaron a seguir y hoy puede que sean tu mayor impedimento para vivir. Soltar es dejar atrás aquello que hoy no me sirve, aquello que una vez me sirvió, pero que hoy no tiene sentido. Como nos recuerda el Éxodo: “Lo que te sacó de Egipto hoy no te sirve para la Tierra Prometida”.
3) Come: Hoy celebramos Corpus Christi. Los cristianos manifestamos en las plazas principales nuestra fe en Jesús, que está presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad. Por ello nos unamos en la Eucaristía donde en la cruz se ocultaba su divinidad en esa gran humanidad, pero que hoy se oculta su humanidad en su presencia divina. Algo bueno está por venir.
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