Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, refugio de nuestros corazones, enséñanos a confiar con la misma entrega con que tú confiaste en el plan del Padre. Acompáñanos en nuestra fragilidad y en nuestras dudas, y haz que podamos abrirnos a Dios sin temor.
Ayúdanos a ver en los demás el reflejo del Corazón de tu Hijo, para cuidar, acompañar y levantar a quienes sufren, siendo testimonio vivo de la presencia de Dios.
María, consuelo fiel y guía en el camino, enséñanos que cada gesto de amor y perdón es un puente que une nuestro corazón con el corazón de Dios y con el de nuestros hermanos.
Bajo tu amparo ponemos nuestra vida, confiando en que tu ternura de Madre nunca nos dejará solos en el camino.
Amén.
Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC
Subscribe to get the latest posts sent to your email.