Madre querida, acoge nuestras preocupaciones
Virgen María, Nuestra Señora de los Ángeles, consuelo de quienes sufren y abogada de los cristianos, hoy nos acercamos a ti con la confianza sencilla de tus hijos.
En los momentos de oscuridad, cuando el dolor pesa y las fuerzas parecen agotarse, tú permaneces a nuestro lado, sosteniendo nuestra esperanza y señalándonos el camino hacia Jesús.
Madre querida, acoge nuestras preocupaciones, temores y heridas que llevamos en el corazón.
Abraza a quienes lloran, fortalece a quienes luchan cada día y devuelve la paz a quienes se sienten perdidos.
Que tu ternura maternal nos recuerde que nunca estamos solos y que el amor de Dios supera todo sufrimiento.
Cúbrenos con tu manto, guía nuestros pasos hacia el bien y condúcenos siempre hacia tu Hijo. Y cuando la fe se debilite, recuérdanos que el Cielo nos espera.
Amén
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