Evangelio según san Mateo 13, 31- 35
Jesús propuso a la gente otra parábola:
“El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.
En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas”.
Después les dijo esta otra parábola: “El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa”.
Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas,
para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.
Un grano
1) Se parece: Somos muy propensos a prejuzgar. Incluso, a ver al próspero por encima del indigente, pero el tema es ¿quién nos da derecho a señalar a otros como leprosos?. No es bueno hablar de nadie. Y, si un hombre se equivoca, es necesario saber que nosotros también nos podemos equivocar. Porque que alguien me caiga mal a mí no significa que también le cae mal a Dios. No funciona así. Las etiquetas nos eximen de amar. El encasillamiento en nosotros nos hace lavarnos las manos. Parece que, si no tiene mi doctrina o no forma parte del grupo al que pertenezco, no va. Clasificar a los demás es siempre separación y estrategia de fuga, para evitar involucrarnos, pero vemos cómo Jesús amaba a los leprosos y tenemos que trabajar en eso, en mirar a Jesús, quien nos muestra que hasta hacer algo pequeño por alguien te puede cambiar la vida.
2) Arbusto: Lo que te define cualquier cosa en la vida es el “propósito”. La meta o el propósito es lo que te alínea las decisiones. La vez pasada me tocó enfrentar la situación de construir nuevas aulas de catequesis para los niños. Eso me llevó a resolver algunas situaciones económicas difíciles, pero, para resolver el problema era necesario volver al propósito: “que los niños tengan ganas de venir a la parroquia”. Ese era el próposito y el objetivo. Por lo tanto, ante ese propósito pude resolver cómo decidir y manejar la situación de cómo hacer el aula de catequesis. Porque dije: “¿El chico va a querer venir a la catequesis si su aula no tiene puerta o una buena luz o los pisos rotos?”. La meta nos determina todo para abajo. Entonces, hay muchas discusiones que se acaban cuando fijas bien los objetivos y las metas, porque los “arbustos” te pueden complicar la mirada al objetivo de tu vida.
3) Muchedumbre: La gente habitualmente no quiere oír la verdad. Cuando me piden consejo trato de ser sutil, porque sé que a muchos les cae un poco mal lo que uno les dice en cuanto a la verdad. Es más, creo que muchos te buscan para que les des la razón a lo que ya piensan. Siempre se enseña que quien aconseja debe escuchar y también se llega a decir: “Háblame de vos, no de él o ella”. Pero el que te busca se siente víctima y busca cómo envenenar muchas veces al otro. Por eso es importante que el aporte que hagas en la vida del otro sea mostrarle la verdad y que, desde la libertad en la verdad, dé fruto a los demás. Algo bueno está por venir.
Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC
Subscribe to get the latest posts sent to your email.