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Meditación del día 24 de agosto

por Pbro. Luis A. Zazano
Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez

Evangelio según san Juan 1, 45-51

Felipe encontró a Natanael y le dijo: “Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret”.
Natanael le preguntó: “¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?”. “Ven y verás”, le dijo Felipe.
Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: “Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez”.
“¿De dónde me conoces?”, le preguntó Natanael. Jesús le respondió: “Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera”.
Natanael le respondió: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”.
Jesús continuó: “Porque te dije: ‘Te vi debajo de la higuera’, crees . Verás cosas más grandes todavía”.
Y agregó: “Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.”

San Bartolomé

  1. Algo bueno: Me causa gracia cuando escucho gente que dice “Estoy buscando una iglesia de sana doctrina”. Y siempre me planteo “¿Qué tenés de sano para exigir sana doctrina?”. Porque si es así, cuando llegamos la echamos a perder. Incluso pedimos perfección a los pastores, a los curas, a los que integran la feligresía. Alguna vez me dijeron “Estoy buscando un cura íntegro” y digo dentro mío “¿Para qué me pides integridad si vos tampoco me la das a mí cuando yo necesito una persona íntegra que me ayude?”. Somos personas que hacemos lo posible para agradar a Dios. Desde mi persona, trato de recurrir a la gracia todos los días y cuando puedo; trato de ir a confesarme una vez a la semana para luchar contra mi persona íntima y mi parte vieja. Pero, si buscas perfección en la iglesia, entonces estás en el sitio equivocado, porque “¿Puede el pecador condenar al pecador? ¡NO!”. Porque no tan solo somos indignos, sino también incompetentes, porque no sabemos nada acerca de otra gente como para juzgarla, no tenemos información, no sabemos lo suficiente en cuanto al pasado de nadie. Condenamos a una persona por el tropezón de esta mañana, pero no vemos las heridas y los golpes que tiene hace años. Algunos dicen “No puedo entender cómo esa mujer quedó embarazada” y ¡vos qué sabes de lo que pasó! Condenamos a una persona por renguear en su caminar, pero no vemos el clavo que lleva en su zapato. Apenas podemos con nuestra propia familia y andamos condenando familias ajenas. No tan solo juzgamos el pasado de la gente, sino también el futuro.
  2. Doblez: Dios, que comenzó su obra en tu corazón, la perfeccionará hasta que venga la muerte a buscarte. Por eso, me animo a decirte que tengas cuidado en el juzgar, porque el Pedro que niega a Jesús junto al fuego en esta noche (y a quien hasta le estamos deseando el infierno), quizás lo proclame con fuego en el Pentecostés mañana. El Sansón que hoy está ciego y débil, quizás use su fuerza para reducir a los escombros los pilares de la impiedad. Un cura tartamudo de hoy, quizás sea el Moisés del ayer. Como dice el dicho “Nunca llames tonto a Noé, no sea que el día de mañana le tengas que pedir que te deje entrar en su barca”. La clave es no juzgar a nadie antes de tiempo, porque la historia la escribe Dios. Por eso, no juzgues nunca a nadie, porque el tiempo es el único que define las cosas.
  3. Feliz: Recuerda que al hombre que teme a Dios solo le importa lo que Dios dice acerca de él o de ella. El hombre que teme al hombre está más preocupado por lo que el hombre dice acerca de él, que por lo que piensa Dios. Por eso, te aclaro “En la vida vas a ofender a alguien”. Eso dalo por hecho, lo que sí evita que sea ofender a Dios. Me animo a decirte que el punto de nuestra tentación como seguidores de Dios es cuando dejamos de construir altares de Dios para construir altares a nosotros mismos. Recordá que ese fue el gran error de Saúl. Una buena pregunta para iniciar el día sería esta “¿Estás levantando altares a Dios o a vos mismo?”. La mayor libertad que podés lograr en tu vida es no tener que andar demostrando nada a nadie. Cuando aprendes eso tu misma vida cambia y te conviertes en una persona sin doblez, como san Bartolomé. Algo bueno está por venir.


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