Madre del Cielo, quédate siempre cerquita de nuestro caminar
Por eso, con el corazón lleno de confianza, hoy te contemplamos y te decimos: Reina del Cielo, Virgencita amada, por tu fe fuiste bendecida para estar cerquita de Dios.
Por tu santidad y ternura, tu hijo te llamó para que lo acompañes en cuerpo y alma por toda la eternidad. Teniéndolo todo, quería también tu abrazo.
Hoy levantamos la vista, María, y por misericordia divina te sentimos acá, con nosotros; tu abrazo sostiene nuestra vida. Gracias por tantas alegrías; gracias por regalarnos tu paz.
Madre del Cielo, quédate siempre cerquita de nuestro caminar.
Amén
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