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Meditación del día 16 de agosto

por Pbro. Luis A. Zazano
Mateo 15,21-28

Evangelio según san Mateo 15,21-28

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.
Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: “¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”.
Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: “Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos”.
Jesús respondió: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”.
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: “¡Señor, socórreme!”.
Jesús le dijo: “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros”.
Ella respondió: “¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!”.
Entonces Jesús le dijo: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!”. Y en ese momento su hija quedó curada.

La fe salva

1) Una mujer: Es la imagen de una mujer ajena a lo religioso, no es judía de pura cepa. Es una mujer desesperada porque está perdiendo al amor de su vida, quien le da el sentido a su vida, su hija. Va a Jesús por una desesperación y no por un cumplir religioso: busca a Jesús por desesperación y no por un mero cumplimiento. Es la figura de esa persona que no está metida en la religión, pero recurre en su oración a Dios, como puede, porque se le está yendo de su vida lo que le da sentido, «su hija». Capaz que es esa persona que ni sabe cómo rezar un rosario o las partes de la misa, pero busca a Dios para que le dé una mano en esto que está viviendo ella. La desesperación nos lleva a buscar a Jesús. El dolor y la angustia son un camino para encontrarlo a Dios. Hoy, si vos estás pasando un momento doloroso, recurrí a Él, búscalo con tus palabras, aférrate a Él como puedas, como sea, como te salga. Ante la búsqueda desesperada no hay un protocolo ni una burocracia, hay necesidad, hay búsqueda de alivio, y eso vos y yo lo necesitamos, lo buscamos. Por eso te vuelvo a insistir, búscalo a Dios.

2) No decía nada: Qué desesperante para esta mujer que Jesús no le diga nada. Cuántas veces pasamos, vos y yo, ese momento en el que parece que Dios no da respuesta de nada. Pero, en el fondo, Jesús sabe que va a pasar algo en su vida, en la historia. Pero cuán traumático es ese silencio. Hay veces que me dan ganas de decirle “Dios, háblame, decime algo; aunque sea decime no, pero decime algo”. Es algo que vos y a mí nos pasa. Hoy pidámosle a Jesús aprender a sobrellevar su silencio, a tener paciencia, a saber que estamos en su pensar y, en su momento, ha de actuar. Pero que nos dé la ayuda de comprender ese silencio. Que pueda callarme para escucharlo y que pueda escucharlo aún en su silencio.

3) La fe: La respuesta la consiguió en la fe. Su confianza y su humildad, llevaron a que esta mujer reciba un gran milagro de Jesús. La fe es todo un proceso. Es un proceso, es de a poco, es de paso a paso. No es que hoy la tenga y mañana no, porque hay que pedirla. Pero también es confiar en lo divino, confiar cuando se me acaban todas las fuerzas. Me pongo a pensar en cuántos cuidan a las personas que aman en un hospital y tienen que pasar toda la noche parados, sentados y estando atentos ante la más mínima necesidad, porque hay alguien muy importante a quien hay que acompañar en este momento difícil y duro. Es esa fe de que se va a recuperar lo que mueve a esas personas. Pienso en la fe de tantas mamás y papás que día a día luchan para darle lo mejor a sus hijos y a toda su familia. Pienso en esa fe de tantos y tantas que buscan dar lo mejor en esta vida. Por eso hoy te quiero agradecer por tu fe, gracias por escucharme, gracias por buscar a Dios, gracias por vivir esta vida, gracias por remarla y remarla cada día, aunque se hace bastante complicado. Gracias por arrepentirte cuando te mandas una macana y vas y pedís perdón. Gracias por ponerle actitud al día, aunque no tengas ganas de vivir. Gracias por buscar ser feliz. Todo esto te lo permite la fe. Algo bueno está por venir.


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