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Meditación del día 23 de septiembre

por Pbro. Luis A. Zazano

Evangelio según san Lucas 9, 1-6

Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades.
Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos,
diciéndoles: “No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno.
Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir.
Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos”.
Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes.

Les dio autoridad

1) Convocó: Creo que todos somos muy buenos, y hasta tenemos un doctorado en encontrar la falla de los demás, las falencias y en lo que el otro no es bueno. Pero se necesita mucha madurez y apertura mental para poder reconocer y valorar las cosas buenas que tienen las otras personas, aunque incluso no las queramos.

2) Proclamar: Una vida dedicada al qué dirán es una vida dedicada al pecado. Aunque algunos lo disfracen de “cuidar el testimonio”. Es lo que conocemos como falso testimonio y en la vida espiritual esto puede ser una prisión eterna, un fingir. En lugar de reconocer debilidades estamos fingiendo un personaje. Pero no podemos poner filtro a nuestros fracasos, porque Dios nos conoce. Pero lo que debemos proclamar es que Dios mira el corazón, que podemos engañar a todo el mundo, pero Dios mira el corazón, a Él no lo podemos engañar. Y cuando nos convertimos en el ser que debimos ser, somos librados del ser que aparentamos ser. Dios no puede bendecir lo que pretendemos ser, porque Dios nunca bendecirá una escenografía. Cuando Dios nos habla de un corazón limpio no habla de un corazón que no tiene pecado, sino de un corazón sincero. Dios siempre va a preferir el quebranto genuino ad la espiritualidad fingida. Este también es hoy el flagelo de las redes sociales en donde nos mostramos felices y hasta nos vamos a buscar la foto y a alimentar las apariencias. Cuando vivimos del “modo avatar” ya no proclamamos a Dios en nuestras vidas, sino una vida de dioses que no existe.

3) Partir: La clave de esto es sanar desde la verdad y saberse sincero con uno para ayudar al otro, porque la vida religiosa no se reduce a cumplir normas, sino a entender al otro y acompañarlo desde sus heridas y no ocultar nuestras heridas para lastimar a otros. Ser evangelizadores no es ser sometedores, ser anunciadores no es ser anormales, ser discípulos no es ser perfectos, ser cristianos es dejar que viva Cristo en uno. Algo bueno está por venir.


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