Recibe, Señora, todo lo que soy y lo que tengo
Madre Santísima, hoy nos presentamos ante ti en la seguridad de que tu corazón maternal es el refugio que conduce a tu Hijo Jesús: «Soy todo tuyo, y todo lo mío es tuyo.»
Recibe, Señora, todo lo que soy y lo que tengo: mis pensamientos, palabras, alegrías, sufrimientos y el fruto de mis obras. Sana mi pasado, santifica mi presente y confía mi futuro a la providencia divina.
María, en la incertidumbre, enséñame a decir «sí» con la misma confianza con que aceptaste la voluntad del Padre. Líbrame del orgullo y toda atadura que me impida seguir a Cristo con generosidad.
Une mi corazón al tuyo. Enséñame a amar a Dios y a mis hermanos con el mismo amor puro, humilde y generoso con el que tú los amas.
Amén
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