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Meditación del día 24 de octubre

por Pbro. Luis A. Zazano
Víctimas

Evangelio según san Lucas 13, 1-9

En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios.
El les respondió: “¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás?
Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.
¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?
Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera”.
Les dijo también esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró.
Dijo entonces al viñador: ‘Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?’.
Pero él respondió: ‘Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré.
Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás'”.

Víctimas

1) Galileos: Acordate de que damos honra a Jesús si vive en nosotros; más allá de que lo pongas en tu estado de WhatsApp o en carteles grandes en la entrada de tu casa, que “Jesús es el Señor”, no va por ahí. Creo que, hasta como Iglesia, estamos confundidos porque evaluamos a una comunidad por las actividades que tenga. Es un problema que tenemos como Iglesia. Entonces, si tiene muchas reuniones y actividades, parece que es una súper comunidad, cuando no, entonces no es una buena comunidad. Se lo llega a ver al Evangelio como una franquicia que está encerrada en el templo. Incluso hay gente que cree que el Evangelio está encerrado en un edificio y, si no va a ese templo, entonces no vive la sana doctrina. A Dios no se lo puede meter en una jaula. Nosotros somos el Evangelio. Acordate lo que predicaba san Francisco de Asís. Ser el Evangelio es salir de nuestra burbuja y saber compartir la vida con el otro. Es meternos en el mundo de esa otra persona que comparte el caminar con nosotros. Ser Evangelio para los demás es mudarnos al mundo de ese otro y poder entender lo que vive esa otra persona. Como diría un santo por allí “Hay que amar al mundo apasionadamente”.

2) Convertir: Una vez escuché que alguien dijo “Se puede ser feliz si uno no conoce su zona oscura”. Así que hice ese trabajo interno y, la verdad, que me golpeó un poco, por no decir que mucho. Aprendí de esa frase que dice “Nadie es inocente hasta que se demuestre lo contrario”. Porque siempre nos presentamos como los buenos de la película y nunca somos los culpables de nada. Esa es la típica. Siempre la culpa la tiene el otro. La culpa es de la gente que tira la basura, pero yo no, que podría haber sacado la basura tirada. La culpa es de los políticos, pero no de mi silencio; la culpa es de la Iglesia, pero claro, yo no evangelizo y no hago nada por anunciar a Jesús. La culpa siempre es de la gente, la culpa es del otro. La verdad es que nadie es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Aristóteles ya nos decía que nadie es bueno por naturaleza, si no, la historia sería totalmente distinta si todo el mundo fuera bueno. Imagínate que todos tenemos una maldad, somos envidiosos, falsos o chusmas; miserables, traidores o infieles; egoístas, injustos, intolerantes, clasistas. A veces nos parecemos mucho a esa persona que no queremos ser. Pero, ¿sabes qué?, siempre hay oportunidad de cambiar, aunque no hay cambios sin despedida.

3) Higuera: El rencor es como tomar veneno y querer que mate a tus enemigos. El rencor, como todo sentimiento feo y negativo, no daña a quien supuestamente lo provoca, sino a quien lo padece. Vivir resentido es como meterse en una fosa, que nos termina amargando la vida. Por eso, la pregunta es “¿cuál es el motivo para tener rencor?”, ¿Para que te gire en la cabeza y busques destrozar a alguien? El rencor o el resentimiento no nacen de una ofensa recibida, incluso puede nacer por el simple hecho de que alguien sea mejor que vos. El resentimiento puede nacer de la envidia, pero también puede venir de no haber alcanzado nuestras expectativas. Porque el compararnos siempre con los demás también puede ser producto del resentimiento. Todo lo que tiene éxito indigna al resentido, por eso pedí en tu oración que Dios saque de tu mente y de tu corazón ese recuerdo de esa persona que te hizo daño o de ese comentario que hicieron sobre vos. Algo bueno está por venir.


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