Mártir y abogado de los pobres
Fidel nació en el año 1577 en la pequeña ciudad alemana de Sigmaringa en el seno de una familia noble. Como demostraba tener una gran inteligencia y su familia contaba con recursos económicos, realizó sus estudios en la prestigiosa Academia Archiducal de Friburgo de Brisgovia. El santo obtuvo allí un doctorado en derecho civil y canónico con las mejores calificaciones y se convirtió en profesor de filosofía y letras. Además, estudió distintos idiomas como latín, italiano y francés.
Durante sus primeros años como profesor, fue responsable de la educación de un grupo de jóvenes provenientes de familias reconocidas de la región alemana de Suabia. Fidel los guío y acompañó durante un recorrido por diferentes países de Europa, donde no sólo los formó en las diferentes culturas locales, sino que también los educó con el ejemplo de una vida rica en virtudes. El santo, entre otras bondades, les enseñaba a dar como limosna lo que otros preferían gastar en cosas vanas, y lograba la admiración de sus alumnos.
Fidel supo llevar una vida de penitencia. Nunca tomó alcohol y no frecuentaba fiestas o reuniones mundanas. Era bondadoso en sus palabras y no utilizaba ofensas, aunque sus rivales sí lo hicieran en los pleitos que afrontaba como profesional. Cuidaba celosamente sus virtudes y no malgastaba su dinero en vanidades.
Su mayor anhelo durante sus años de universitario era dedicarse a ayudar a los más necesitados. Con el tiempo, pudo hacerlo. Se dedicó a patrocinar de manera gratuita a las personas que no tenían recursos para acceder a un profesional del derecho. Por su dedicación y generosidad, la gente comenzó a llamarlo “El abogado de los pobres”.
Cuando Fidel tenía 35 años, un abogado de la contraparte le ofreció un soborno, una gran cantidad de dinero para que una persona adinerada obtuviera la victoria en el proceso que se llevaba en su contra por una injusticia que había cometido. Al advertir el peligro al cual se exponía como abogado de caer en la tentación de vender su alma a Satanás, decidió volverse religioso capuchino y tomó sus votos en Friburgo.
Cuando ya era sacerdote, el santo donó todos sus bienes. Una parte de su riqueza la dio a los pobres y la parte restante se la entregó al obispo de su diócesis para que la destinara a solventar los estudios de los seminaristas que provenían de familias pobres.
Fidel era un gran predicador. En Friburgo logró la conversión de una gran cantidad de protestantes. Quienes lo escuchaban, quedaban admirados por su elocuencia. Sus palabras eran sencillas, prácticas, amables y llenas de la unción del Espíritu Santo.
También fue muy reconocida su labor cuando la peste del cólera llegó a Alemania. Su incansable dedicación a la atención de los enfermos significó un valioso testimonio para quienes lo veían trabajar día y noche. Su ejemplo de vida de austeridad, sumado a sus conmovedores sermones y su fervorosa oración por su comunidad, producía numerosas conversiones cada día.
Fidel era un enamorado de Cristo y su religión y no medía consecuencias. Se entregaba apasionadamente a la predicación olvidando toda prudencia que pudiera calcular su humanidad. Vivía completamente entregado a su misión, como es propio a todos los santos. No temía denunciar ante sus fieles los peligros que resultaban para los católicos las sectas evangélicas y grupos protestantes, exponiéndose así diversas amenazas por parte de sus opositores.
Cuando los numerosos frutos de conversión que el santo producía fueron conocidos en Roma, fue nombrado jefe de un grupo de predicadores que la Sagrada Congregación para la Propagación de la fe de la Iglesia Católica envió a misionar a Alta Rezia en Suiza por la creciente comunidad de protestantes calvinistas que existía en ese país. Fidel aceptó con alegría y antes de emprender su viaje expresó: “Presiento que voy a ser asesinado, pero si me matan, aceptaré con alegría la muerte por amor a Jesucristo y la consideraré como una enorme gracia y una preferencia de Nuestro Señor”.
Apenas arribados a Suiza, el santo comenzó a oir rumores sobre las intenciones que tenían sus opositores de asesinarlo y comenzó a fortalecerse en oración frente al Santísimo Sacramento o ante su crucifijo. Cada día, antes de dirigirse a misionar en las aldeas aledañas, Fidel se preparaba en oración.
El domingo 24 de abril de 1622, luego de pasar un tiempo en oración, el santo emprendió camino a la comuna de Seewis. En el templo lo esperaba un grupo de protestantes armados que se había reunido simulando tener intenciones de escucharlo. A pesar de haber encontrado amenazas escritas en un papel, Fidel comenzó su prédica basada en la Carta de San Pablo a los Efesios que habla sobre “Una sola fe, un solo Señor, un solo Bautismo”. Su defensa a la Iglesia Católica hizo que los protestantes infiltrados se enfurecieran. Uno de ellos disparó un arma de fuego pero el proyectil no lo alcanzó. El santo se arrodilló frente a la imagen de la Santísima Virgen María y, luego de permanecer en éxtasis por unos minutos, salió por la puerta de la sacristía.
Los herejes lo siguieron dirigidos por un pastor protestante. Le exigían a Fidel que renunciara a todo lo que había predicado o lo matarían, pero el santo respondió: “He venido para predicar la verdadera fe, y no para aceptar falsas creencias. Jamás renunciaré a la fe de mis antepasados católicos. Ustedes verán lo que hacen. Yo me pongo en manos de Dios y bajo la protección de la Virgen Santísima. Pero piensen bien lo que van a hacer, no sea que después tengan que arrepentirse muy amargamente”. Los herejes lo atacaron a puñaladas y, antes de morir, alcanzó a decir: “Padre, perdónalos”, convirtiéndose en el primer integrante de la Congregación de Propaganda Fide en alcanzar la corona del martirio.
Debido a los numerosos milagros obrados por Dios y quienes se confiaron a la intercesión del mártir, el 26 de junio de 1746 Fidel de Sigmaringa fue canonizado por el Papa Benedicto XIV.
En el día de su fiesta, le rogamos a san Fidel de Sigmaringa que interceda ante Dios para que todos los fieles seamos fervorosos defensores de la fe católica y no caigamos en ideas ajenas al evangelio.
¡Porque hasta el Cielo no paramos!