El santo silencioso
Por la señal de la Santa Cruz +
de nuestros enemigos+
Líbranos, Señor Nuestro, Dios nuestro+
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo+
Oración Inicial
Glorioso san José, modelo de todos los trabajadores, que se dedican al trabajo, consígueme la gracia de trabajar con conciencia, poniendo el llamado del deber sobre mis inclinaciones naturales, trabajar con gratitud y gozo, en un espíritu de penitencia para la remisión de mis pecados, considerando que es un honor emplear y desarrollar mediante el trabajo los dones recibidos de Dios para trabajar en orden, paz, moderación y paciencia, sin tener jamás que retroceder ante cansancio y dificultades, trabajar sobre todo con pureza de intención y desapego de sí mismo, teniendo siempre a la muerte ante mis ojos, y la cuenta que yo debo rendir del tiempo perdido, de los talentos desperdiciados, del bien omitido, de la vana complacencia en el éxito, tan fatal para la obra de Dios. Todo por Jesús, todo a través de María, todo según tu ejemplo. Amén. (Papa san Pío X)
Lectura bíblica del sexto día:
“Sed santos como vuestro Padre Celestial es santo” (Mt 5, 48)
San José es esencialmente un silencioso carpintero. En él cuentan más las manos que la boca, más el trabajo que las palabras. Es un trabajador que construye y guarda silencio porque se concentra en hacer bien su trabajo: custodiar y educar al hijo de Dios.
El silencio de José es un silencio activo, consiente; un silencio de aceptación, de acatamiento de la voluntad de Dios; un silencio alegre y acogedor.
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)
Oración final:
San José, guardián de Jesús y casto esposo de María,
tú empleaste toda tu vida en el perfecto cumplimiento de tu deber,
mantuviste a la Sagrada Familia de Nazaret con el trabajo de tus manos.
Protege bondadosamente a los que recurren confiadamente a ti.
Tú conoces sus aspiraciones y sus esperanzas.
Se dirigen a ti porque saben que los comprendes y proteges.
También conociste pruebas, cansancio y trabajos.
Pero, aun dentro de las preocupaciones materiales de la vida,
tu alma estaba llena de profunda paz
y cantó llena de verdadera alegría por el íntimo trato que goza con el Hijo de Dios,
el cual te fue confiado a ti a la vez que a María, su tierna Madre. Amén.
(San Juan XXIII)
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. +