Evangelio según san Mateo 17,14- 20
Cuando se reunieron con la multitud, se le acercó un hombre y, cayendo de rodillas,
le dijo: “Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua.
Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron curar”.
Jesús respondió: “¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí”.
Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel momento quedó curado.
Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?”.
“Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: ‘Trasládate de aquí a allá’, y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes”.
Cayendo de rodillas
1) Multitud: No siempre la soledad significa que no quieren ayudarte, porque no hay ausencias de rostros sino que hay ausencia de intimidad. Cuando uno siente que no te quieren ayudar es que ponemos tantas capas de cebolla que quien se acerca a nosotros, se le hace imposible meterse en lo profundo. Hay veces que tu protección termina siendo tu celda y te lleva a vivir en una soledad. Cuando planteas que no te entienden tus hijos o tu cónyuge: no será que el problema lo tienen todos o ¿lo tenés vos? Los muros no solo protegen al que está adentro sino que también deja afuera al que quiere entrar. Uno queda atascado en su propia protección, sentiste que la vida se te fue y estás esperando que regrese. Pero desde el vientre de tu madre hasta la sepultura tenés un día menos de vida. No entender cómo vivir es perderse la caridad de la vida. Vivir sobreviviendo no vale la pena porque sobreviviendo toda la vida te termina matando y amargando.
2) Curar: Los miedos se hacen más grandes cuando los callamos y lo vivimos por dentro. Hay gente que está enferma por los miedos que tiene, porque esos miedos te llevan o la llevan a indecisiones. Por eso, aprende a hablar porque lo que se habla, se cura y lo que se cura, alivia.
3) Pudimos: Uno en la vida vive como puede, uno hace lo que puede… Uno es el papá que puede ser o la mamá que puede ser, yo soy el cura que puedo ser, con lo bueno o lo malo, pero se le pone ganas. En ese vivir como se puede, uno se lastima, con algo o con alguien y decimos “no me dañen más”. La verdadera soledad no se basa en si no compartes una cama o una casa con alguien. La soledad se hace más intensa cuando tienes muchas más razones para estar solo, y sin embargo, te sientes solo. Por eso está la oración, es la fuerza de tu interior que te ayuda a descifrar dónde estás, hay cosas que solo la fuerza de la oración te puede librar. Por eso, date la oportunidad de orar y buscar esa interioridad. Algo bueno está por venir.
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