Evangelio según san Mateo 9, 9-13
Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos.
Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?”
Jesús, que había oído, respondió: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
San Mateo
- Un hombre: Te comparto una historia que escuché hace tiempo: una noche, ya tarde, un hombre alojado en un hotel pide una pizza. Cuando llega, el señor paga la pizza y cierra la puerta. Cuando abre la caja de la pizza se encuentra con muchísimo dinero. Era la recaudación de la pizzería. Por supuesto, podría habérselo quedado. Nadie lo había visto, pero recordó lo que le había enseñado su padre y los valores de su familia. Decide ir a la pizzería a devolverlo. El encargado, que ya daba por perdido el dinero, emocionado, le dice: “Señor, ya no quedan personas como usted. Déjeme, por favor, contar a todos lo que sucedió en las redes sociales. Los buenos ejemplos tienen que conocerse”. Ante lo que le dijo el encargado, el hombre se niega rotundamente y le dice que no. “Yo solamente vine a devolver lo que no era mío y me quiero ir”. El encargado insiste “Por lo menos, señor, déjeme sacarle una foto y la publico en alguna historia”. El hombre se enoja y dice: “Usted no me entiende, nadie puede saber que yo pedí una pizza en ese hotel, y mucho menos que la mujer que estaba conmigo, que me acompañó, no era mi esposa”. Ahí la historia cambia, porque aparece uno de los dilemas morales más grandes, “la honestidad” versus “la integridad”. La integridad es lo más difícil, porque es lo que hacemos cuando nadie nos ve y es compatible con la persona que decimos ser cuando todos nos miran. Eso es lo que hoy celebramos en la fiesta de san Mateo, su integridad y su honestidad de vida.
- Levantó: La vida, debo reconocer, no siempre es justa desde la mirada humana, por supuesto, porque no siempre le va bien a los buenos. Que no siempre el que se esfuerza encuentra lo que desea y lo que busca, pero me enseña también que siempre vale la pena hacer el esfuerzo y llevar adelante la lucha e irse con la dignidad de que si no fue mal, fue injusto. Pero el esforzarse y luchar es la mirada del creyente, sabiendo que la vida tiene sus cruces, pero sabiendo que uno busca la gloria.
- Vayan: Una vez me acompañó a las montañas, a caballo, un médico amigo que es cirujano. Nos tocó en invierno hacer horas en cabalgata, en partes empinadas. Como él no era muy hábil con el caballo y con las cuerdas, le terminaron saliendo callos en las manos. A la semana me llamó, diciéndome que le costaba operar por los callos, y que estaba bastante preocupado. Pero a los pocos días me llamó de nuevo y me dijo que ya sus manos estaban bien y los callos lo habían dejado. Pero aprendió algo, me dijo, “Que el cuerpo se adapta y los músculos se adaptan a la situación”. Esto me da una perspectiva muy útil para la vida y para el servicio en la Iglesia, “porque muchas veces necesitamos tener la habilidad de un cirujano para restaurar las almas de los hombres. Restaurarla con mucha delicadeza”. Por eso, aprendemos que Dios nos envía a evangelizar más que adoctrinar; nos envía a mostrar a Jesús más que imponer sumisión. Misionar es mostrar que Dios está, más que decirle al otro: “Deja de pecar, porque tu alma se condenará”, es decirle que Dios siempre da oportunidades para quien quiere cambiar. Algo bueno está por venir.
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