San José, sé siempre para nosotros un protector.
Que tu espíritu interior de paz, de silencio,
de trabajo honrado y de oración al servicio de la Iglesia,
nos vivifique y nos alegre, en unión con tu esposa bendita,
nuestra dulce e inmaculada madre María,
en el amor fuerte y suave a Jesús,
Rey glorioso e inmortal de los siglos y de los pueblos.
Amén
(Provigil)