O beatísimo José, a quien confirió Dios el nombre y cargo de padre de Jesús, de esposo purísimo de María siempre Virgen y de cabeza en la tierra de la Sagrada Familia, y a quien el Vicario de Cristo designó por patrón y protector de la Iglesia fundada por el mismo Cristo Señor nuestro; con la más grande confianza de que soy capaz, imploro tu poderoso auxilio en favor de esta misma santa Iglesia, que todavía lucha en este mundo con formidables enemigos.
Te ruego que, con aquel especial amor de padre en que se abrasa tu corazón, guardes al Romano Pontífice y a todos los Obispos y sacerdotes que están unidos a la santa Cátedra de Pedro. Sé el defensor de los que, entre las angustias e incomodidades de esta vida, trabajan por la salvación de las almas; y alcanza de Dios que todos, individuos y pueblos, que se hallan fuera de la Iglesia católica, acepten su fe y obediencia, y logren así su salvación.
Acepta piadoso y con agrado, oh, santísimo José, la absoluta y total entrega de mí que te hago. Todo me doy a ti, y te ruego humildemente que seas mi padre, mi protector y mi guía en el difícil camino que conduce a la eterna bienaventuranza. Consigue para mí una gran limpieza de corazón y ardiente amor a la vida interior. Haz que, siguiendo tus huellas, dirija todas mis acciones, vivificadas por el amor, únicamente a la mayor gloria de Dios, del divino Corazón de Jesús y de la Inmaculada, Virgen María. Finalmente, ruega por mí a fin de que en mi última hora participe de aquella paz y de aquel gozo, con que tu fuiste regalado en tu santísima muerte.
Amén.