Introducción
En María está presente y se manifiesta el Espíritu, que es poder amoroso de Dios. Toda su vida se desarrolla en y con la fuerza del espíritu. Con María invoquemos al Espíritu Santo para que renueve nuestros corazones y nos conceda un nuevo impulso misionero, enviados al mundo para dar testimonio de Jesucristo, que está vivo, y así reavivar a otros, para que encuentren el Camino, la Verdad y la Vida… Porque hasta el cielo no paramos.
Secuencia de Pentecostés
Ven Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo,
Padre amoroso del pobre;
don en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si Tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
Infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.





