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El sacerdocio como don de Dios

por Leidy M. Pastrana Z.
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“El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús” (San Juan María Vianney)

Cordial y bendecido saludo, hermanos, desde el momento mismo en que nos dan la bienvenida a la iglesia católica, mediante el sacramento del bautismo, somos llamados a ser profetas, sacerdotes y reyes, es decir, se nos exhorta a ser anunciadores de la buena nueva, de lo novedoso del Evangelio a partir de nuestro testimonio de vida; y es que ser sacerdote, implica una renuncia a lo mundano, una entrega absoluta y sincera a Dios y el compromiso del servicio y de la evangelización, todos estamos llamados a esto, pues para ser sacerdotes No hay que ser seres extraordinarios, basta con ser ordinarios con oídos y corazón abiertos a escuchar el llamado de Dios y tener la disponibilidad para dar ese magnífico FEAT, ese SÍ sincero y decidido como lo hiciera San Juan María Vianney, un hombre sencillo, humilde, que alcanzó la santidad precisamente por estas características, sus deseos fervorosos de ser sacerdote fueron superiores a sus deficiencias académicas, sin duda, Dios que se vale de los pequeños para manifestar su gloria, tenía reservadas grandes bendiciones y propósitos para San Juan María Vianney.

San Juan María Vianney fue enviado por orden expresa de su obispo a Ars, un pequeño pueblo de unos 230 habitantes; su obispo le dijo “ vaya a esa parroquia no hay mucho amor a Dios allí, pero usted lo pondrá”. El panorama en Ars era muy desolador, casi nadie iba a la santa misa, la blasfemia, los odios y rencores abundaban; pero esto pronto cambió, gracias a la santidad de San Juan María Vianney, quien a punta de servicio, oración, piedad y evangelización, logró la conversión de Ars. Hermanos, cuántos Ars hay a nuestro alrededor? En nuestra cotidianidad, en nuestra familia, trabajo, estudio, lugares que concurrimos? Y que estamos haciendo para mejorar este panorama? Ahí es donde debemos recordar nuestro llamado a ser sacerdotes y  evangelizar y buscar sembrar la semilla del reino de Dios, anhelando y orando para que germine y dé frutos.

Amigos “el sacedocio es el amor del corazón de cristo. Llamado por Dios, identificado con Él por medio de la oración y los sacramentos. El sacerdote vive para hacer visible el amor de Cristo a los hombres.”  Se trata de un inmenso misterio, como decía el cura de Ars “ El sacerdote solo se comprenderá en el cielo”. El sacerdocio es un don de Dios, es una misión de amor por y para Dios. Según Benedicto XVI en el marco del año sacerdotal, “rezar, curar y anunciar son los tres imperativos esenciales de la vida y del ministerio de los presbíteros quien, de este modo será fiel a su ordenación  y evitará convertirse en burócrata de lo sagrado”.

Hermanos, las asechanzas del enemigo, las tentaciones están siempre presentes, sobre todo en los sacerdotes, como lo estuvieron con nuestro señor Jesús, es por esto que debemos orar cada día por el fortalecimiento de la Fe de cada uno de ellos y del papa Francisco, para que sean libres de tentaciones, de persecuciones y por la santidad de ellos, así como también pidiendo a Dios porque aumente en calidad, cantidad y caridad el número de vocaciones de religiosos y religiosas a su servicio.

A propósito del título de este artículo “EL SACERDOCIO COMO DON DE DIOS”, el obispo de Segobre- Castellón en España, monseñor Casimiro López Llorente afirma que el sacerdocio es, “antes de nada un gran regalo de Dios para el propio sacerdote, que no lo es por méritos propios sino por pura gracia de Dios. El es quien ha mirado con cariño a cada uno de sus sacerdotes, y los ha llamado, consagrado y confiado su misma misión, comprometiéndose a estar con ellos siempre para que puedan cumplir la sublime misión que el les ha encargado . Por todo ello el sacerdote ha de ser un hombre de Dios. Al responder a la llamada de Dios, el sacerdote deja de pertenecerse para ser de Dios y, desde Dios, servidor de su iglesia y de la humanidad entera”.

Para concluir quiero hacerlo a través de una frase de San Juan María Vianney, esperando que toque nuestros corazones y confronte nuestro actuar.

“si comprendiéramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, moriríamos: no de pavor, sino de amor…sin el sacerdote, la muerte y la pasión de nuestro señor no serviría de nada. El sacerdote continua la obra de la redención sobre la tierra… ¿de qué nos serviría una casa llena de oro  si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo; él es quien abre la puerta; el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes…. Dejad una parroquia sin sacerdote  y adorarán a las bestias… el sacerdote no es sacerdote para sí mismo sino para vosotros” San Juan María Vianney.

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