Inicio Iglesia ¿En qué momentos de la Misa debemos inclinar la cabeza?

¿En qué momentos de la Misa debemos inclinar la cabeza?

por Lorena Bais

Existen detalles que expresan nuestra profunda devoción y para ello, hay que conocerlos y ponerlos en práctica.

Normalmente observo que en prácticamente el 99% de las comunidades que comparto la Eucaristía, cuando el sacerdote dice el nombre de la Virgen María en misa, casi nadie inclina la cabeza. Probablemente por falta de instrucción litúrgica, los pocos que se inclinan son los acólitos. A veces, ni siquiera el propio sacerdote se inclina.

Reverencia

Siempre debemos inclinarnos y hacer reverencia

La inclinación quiere expresar “la reverencia y la honra que se atribuyen a las propias personas o a sus símbolos” (P. Aldazábal). La instrucción del Misal romano nos enseña que debemos hacer inclinación de la cabeza cuando el sacerdote dice:

– “La Virgen María, Madre de Dios…”

– “Por nuestro Señor Jesucristo…”

– “… les bendigo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”

En la bendición final, todos debemos inclinarnos, incluso aunque no lo indiquen el sacerdote o el diácono.

“Si se emplea la oración sobre el pueblo o la fórmula de bendición solemne, el diácono dice: Inclínense para recibir la bendición…” (IGMR 185).

Hay que recordar que la forma ordinaria del rito romano (o también llamada Misa de Pablo VI) no se puede arrodillar para recibir la bendición final, como sucede en la forma extraordinaria, también llamada Misa tridentina.

Por ello, inclinémonos, realicemos nuestra reverencia a las tres Divinas Personas, y al nombre de Jesús, de la bienaventurada Virgen María y del Santo en cuyo honor se celebra la Misa. (IGMR 275)

 

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2 comentarios

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Norma Lanceros febrero 23, 2018 - 8:21 am

Como debe actuar un ministro de la Eucaristía ,en sus actos, gestos, y vestimenta ?

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Lorena Bais
Lorena Bais febrero 25, 2018 - 7:48 am

Buen día Norma. Respondiendo tu pregunta, debo decirte que la Instrucción General del Misal Romano [IGMR 2002] indica que cada obispo diocesano ha de establecer las normas para los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión. El obispo también ha de exponer las normas sobre la distribución de la Comunión bajo las dos especies para su propia diócesis (IGMR 2002, no. 283).
Los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión deben demostrar reverencia por la Eucaristía. Esta reverencia se refleja en su conducta durante la Misa (participación completa, activa y consciente en la liturgia – CSL, no. 14), en su vestir y por la manera en que tratan la Eucaristía (NDRSC, no. 29). Una apariencia pulcra así como una actitud reverente están en armonía con el papel y la fe del ministro en la presencia de Cristo en la Eucaristía. El vestuario del ministro no ha de restarle valor a ese rol.
Los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión sirven a Cristo, quien está presente en la asamblea, por medio de ofrecer el Cuerpo y la Sangre del Señor a sus hermanos y hermanas. También sirven al Cuerpo de Cristo llevando la Comunión a esos miembros que, por enfermedad, vejez u otras causas no pueden participar en la Misa. De acuerdo a una tradición antiquísima, lo adecuado es que se lleve la Comunión directamente de la Eucaristía dominical a los enfermos y los confinados a sus hogares.
El ministerio genuino quiere decir servicio humilde. El modelo de todo ministerio es el Señor Jesucristo, quien vino a servir, no a ser servido. Su mandamiento de «amarse los unos a los otros» (Juan 13:43) fue lo que modeló su vida y su ministerio. El ministro extraordinario de la Sagrada Comunión ha de poner a un lado sus agendas y necesidades personales, sus prejuicios y juicios, para poder servir a la comunidad y dar testimonio fiel de la presencia de Cristo en la Eucaristía.
¡¡Espero haber respondido tu inquietud!! Bendiciones!!

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