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EL PROCESO

por Carlos L. Rodriguez Zía
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Es una palabra  que mucho le gusta al papa Francisco, porque habla de paciencia, confianza, humildad, compromiso, perseverancia. Sobre el proceso, entregamos un puñado de ideas a continuación.

El fin de estas líneas no es hablar de la famosa novela del autor austríaco Frank Kafka,  titulada El proceso, ni redactar un ensayo desmenuzando las distintas definiciones que sobre este sustantivo da el diccionario de la Real Academia Española (RAE). La motivación para escribir este texto bebe de distintas fuentes. Una de ellas es la eliminación en primera ronda del Mundial de Fútbol Rusia 2018 de la selección alemana y la angustiante clasificación a octavos de final de la Argentina. Otra es la situación actual de mi país, Argentina. Una tercera podría ser el taller de estudio de La Biblia  que estoy haciendo este año en mi parroquia de la ciudad de Córdoba. Me explico.

 

En la segunda definición que da sobre el sustantivo proceso, la RAE habla de trascurso del tiempo. Es decir, darle tiempo a que las cosas sucedan o se desarrollen. En el caso de las selecciones de fútbol Alemana y Argentina, las dos se embarcaron los cuatro años previos a Rusia 2018 en un proceso de preparación. En el caso alemán fue organizado; en el caso argentino fue caótico. Alemania se dio tiempo; sabía que nada se da de un día para el otro.  Argentina vivió esclava de las urgencias, enceguecida por  el logro inmediato. Algo parecido le ocurre a mi país.  Una vez más, un gobierno nacional nos dice que el camino de la recuperación será largo, que el bajar la alta inflación no será ni algo simple ni rápido. Se nos dan ejemplos de naciones lejanas y cercanas que lo certifican. Ante este planteo, los habitantes de mi tierra declaramos estar de acuerdo; pero al poco tiempo empezamos a quejarnos de la falta rápida de resultados. Una vez más, nos olvidamos de que el partido de fútbol dura noventa minutos, que hay que jugar y jugar, y quizás en la última jugada logremos el gol de la victoria, como le sucedió a Alemania ante Suecia. Una vez más, nos quejamos de que  a los 15 minutos no le vamos ganando a Islandia por dos goles o cómo todavía Messi no construyó esa jugada descomunal digna de los anales de la historia del fútbol.

Todo en esta vida, en este mundo, necesito su tiempo. El proceso nos desafía a ejercitar la paciencia, a ser humildes, perseverantes. También a aprender a confiar o ejercitar la confianza en el otro. Esta es una de las enseñanzas que voy extrayendo del taller de La Biblia que estoy haciendo este año. Es lo que uno aprecie a lo largo de una lectura atenta del Antiguo Testamento. Dios no realizó La Creación en un instante sino que se tomó su tiempo, como  se relata en el primer capítulo del Génesis. Es más, después de crear el mar, la tierra o las estrellas, después de cada día dedicado a su obra creadora,  Dios se toma un tiempo para valorar lo hecho y ver que era algo bueno. Además, desde el vamos, Dios confió en nosotros y supo tenernos paciencia, dos ingredientes fundamentales de todo proceso. Confianza y paciencia. Y conocer al otro; saber de qué es capaz y ser conscientes de en qué momento está y de cuándo puede y va a darnos lo que esperamos de él. De conocer y saber esperar también sabe Dios bastante. Sino, repasemos la historia del pueblo judío en el Antiguo Testamento: las numerosas alianzas que Dios sella con el pueblo elegido; la infinidad de veces en que los israelitas se alejan del camino y siempre vuelven a encontrar a Dios, etc. Es la misma actitud que Jesús tiene con su gente, especialmente con sus doce discípulos; a quienes comprende y sabe esperar. Esa es la enseñanza que encierre la pregunta que en más de una oportunidad les hace: ¿De modo que tampoco ustedes entienden? Una vez su proceso de aprendizaje terminó, supieron anunciar la buena noticia.  Dar  un testimonio valiente y pleno del Dios vivo.

Un buen ejemplo a imitar con nosotros mismos y con el prójimo. Porque todos somos pecadores; y estamos llamados a la santidad.

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1 comentario

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José julio 9, 2018 - 11:59 am

Buen artículo. Me ubica en este espacio de tiempo donde intento reclamarlo todo rápido, pero con el fin único de ayudar a tantos…sin creerme y sabiendo que no seré santo. Esa paciencia virtuosa que no hallo aún en mi, es la que pido como virtud para poder seguir.

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