Inicio La Voz del Pastor Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán

Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán

por Card. Rubén Salazar Gómez
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Comenzamos en este tiempo de paso la Iglesia es tan amorosa con nosotros que nos regala no solamente un tiempo de preparación para la Semana Santa, que es la cuaresma sino que nos regala 50 días para que nosotros profundicemos en el misterio de la muerte y resurrección del Señor es el tiempo pascual, hoy estamos en el tercer domingo de pascua, escuchamos:

Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 1-19

Después de resucitar, Jesús se mostró otra vez a sus discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les mostró de esta manera.  Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Gemelo, Natanael de Caná de Galilea, los dos hijos de Zebedeo y otros dos discípulos de Jesús. Simón Pedro les dijo: «Me voy a pescar,» 

Los otros le dijeron: «Nosotros también vamos contigo.»  Salieron y se embarcaron, pero esa noche no pescaron nada.  Cuando ya había amanecido, se presentó Jesús en la playa. Sin embargo, los discípulos no sabían que era Jesús. Entonces Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen pescador» Ellos dijeron que no.  Él les dijo: «Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán.»  La echaron, pues, a ese lado, y era talla cantidad de pescado,  que ya casi no podían arrastrar la red.  Entonces aquel discípulo que Jesús tanto amaba le dijo a Pedro: 

«[Es el Señor!»  Simón Pedro, al oír que era el Señor, se aseguró la túnica con el  cinturón, pues no llevaba más ropa, y se echó al agua. Como no  estaban lejos de la orilla, sino a menos de cien metros de distancia,  los otros discípulos llegaron en la barca arrastrando la red con los  pescados. Y apenas bajaron a tierra, vieron que había allí un pescado  puesto sobre brasas y que también había pan.  Jesús les dijo: «Traigan pescado del que acaban de sacar.» Simón Pedro subió a la barca y sacó a tierra la red repleta de pescados enormes: eran ciento cincuenta y tres. Y con ser tantos, no se rompió la red.  Jesús les dijo: «Vengan a desayunar,» y nadie se atrevió a preguntarle quién era; pero sabían que era el Señor. Se acercó, pues, Jesús, tomó el pan y se lo repartió, y lo mismo hizo con el pescado. Era la tercera vez que se mostraba a los discípulos después de resucitar.  Cuando desayunaron, le dijo Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo  de Juan, ¿me amas más que ellos?»  Él respondió: «Sí, Señor; tú sabes que te amo.» Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos.»  Luego le preguntó por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me  amas?» Él le respondió: «Sí, Señor; tú sabes que te amo.» Jesús le dijo: «Sé pastor de mis ovejas.»  y todavía le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» 

Pedro se puso triste de que le’ hubiera preguntado por tercera vez si lo amaba, y le respondió: «Señor, tú lo sabes todo; tú te das cuenta de que te amo.»  Jesús le dijo:  «Apacienta mis ovejas.  Te lo aseguro: cuando eras más joven,  tú mismo decidías, e ibas a donde querías; pero cuando te hagas viejo,  tendrás que poner las manos en alto  y dejar que otro decida y te lleve a donde no quisieras.»  Con esto quería darle a entender de qué manera iba a morir para gloria de Dios.  y luego añadió: «[Sígueme!» 

Palabra del Señor. 

Transcripción de La Voz del Pastor del 05 de mayo de 2019

Este domingo nos trae un relato muy importante de la aparición del señor Jesucristo resucitado a sus discípulos, en primer lugar, nos encontramos con el episodio de que los discípulos han vuelto a la vida ordinaria después de la muerte y la resurrección del Señor, se han ido a pescar, pero es una pesca infructuosa no cogen nada, solamente la presencia del Señor hace posible que esa pesca sea abundante, esto es importante para nosotros porque nuestra vida puede ser una vida inútil, puede ser una vida árida, puede ser una vida que sencillamente se arrastra día tras día en medio de una rutina sofocante.

 Si el Señor está presente, en cambio, esa vida se llena verdaderamente de frutos, de gracia, de fuerza, ¿por qué? porque indudablemente será una vida totalmente impregnada del amor de Dios, y al tener el amor de Dios en nuestro corazón entonces todo lo que pasa en nuestra existencia incluso las cosas más duras, más difíciles, serán momentos de fuerza y de alegría para nosotros en lo más profundo de nuestro corazón.

El amor transforma totalmente la existencia y eso es lo que hace verdaderamente fructuosa la vida de las personas, no el que hagan grandes hazañas, no el que logren grandes éxitos, no el que sean vidas exitosas desde un punto de vista humano, no excesivamente el saber vivir día tras día día tras día, la vida ordinaria la vida de familia, la vida de trabajo la vida de relación con los demás, con la fuerza que da el Señor resucitado eso se transforma transforma totalmente toda la existencia, está llena de luz, de paz, de alegría.

 Y hay una segunda cosa muy importante y es que precisamente al final después de esa pesca milagrosa, maravillosa, el Señor cuestiona a pedro le hace como un interrogatorio a él, ¿Haber Pedro tú me amas más que estos? tres veces le pregunta el Señor tres veces responde ¿pero qué significa esto? significa que precisamente sobre ese amor de pedro que antes el Señor recordemos había sido negado por Pedro tres veces durante la pasión ahora ese amor de pedro ratificado tres veces, es como el cimiento sobre el cual se está construyendo permanentemente la Iglesia, por eso en este domingo yo los invito a que oremos de una manera muy especial por el papá Francisco, para que pidámosle al Señor que el infunde en el corazón del papá un amor inmenso, un amor inmenso, un amor como el amor mismo de Cristo que se entregó por nosotros a la muerte, un amor que lo haga soportar todas las dificultades, todos los problemas que pueda vivir en su ministerio, y que lo lleve a guiar siempre a la iglesia por los senderos del amor, que el papá Francisco hoy se sienta en la persona de Pedro ratificando su amor al Señor y recibiendo de nuevo la encomienda de apacentar la grey que el Señor le  da, pidamos por el Papa, pidamos por el Papa no dejemos de pedir un solo día por él y hoy hagámoslo de una manera especial y permitamos al Señor que él venga a llenar toda nuestra existencia transformándola llenando la de alegría y de paz con la fuerza de su resurrección.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.

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