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La catedral que no es

por Horacio Espinosa
Misa del dia de Maria Auxiliadora

En Bernal, una pequeña localidad del sur del Gran Buenos Aires, está la parroquia Nuestra Señora de la Guardia. Muchos la conocen como la catedral; para mí, es la iglesia grande de mi colegio.

Nunca pensé que en la web podía llegar a existir un artículo sobre la catedral de Bernal, pero aquí está. Poco podrán leer en esta bitácora sobre los detalles y la arquitectura del lugar. Si bien refiero a la historia del templo, sobre todo quiero compartir mis vivencias allí. Ingresé por primera vez cuando era un niño y por última, hace muy poco.

Bernal forma parte del conurbano bonaerense. Aunque no es cabecera de ninguna diócesis, tiene una iglesia a la que informalmente muchos nombran como «la catedral». En realidad, la localidad forma parte de la diócesis de Quilmes y en la ciudad que da nombre al distrito eclesial se encuentra la verdadera iglesia catedral.

La de Bernal es una parroquia muy significativa para mí. Solía visitarla de pequeño y allí, 43 años atrás, recibí al Señor en la Eucaristía por primera vez. Hasta hace pocos días desconocía su apodo tan popular; para mí era y seguirá siendo la iglesia grande de mi colegio.

Es posible verla desde varias cuadras a la redonda. Sin embargo, cuando uno llega a la esquina de las Avenidas Zapiola y Belgrano, en donde se yergue, la casa parroquial Nuestra Señora de la Guardia parece inmensa. Así y todo, los planos originales la proyectaban de dimensiones aún mayores.

Historia

A. Pedemonte era un genovés que había llegado a la Argentina el 18 de mayo de 1849, a los 19 años. Vivía en el barrio de La Boca, cerca de la Parroquia San Juan Evangelista. Allí hizo erigir un altar a la Virgen de la Guardia, la advocación mariana a la que atribuía la cura de un accidente. Como se sabe, los inmigrantes llevan consigo su cultura y parte de ella son sus devociones.

En 1886 una epidemia del cólera azotó Buenos Aires y Pedemonte decidió huir antes de contagiarse. Se instaló en Quilmes y desde esa ciudad adquirió una importante fracción de tierra en Bernal, en donde edificó una residencia que llamó la Polcevera en recuerdo del río de sus pagos.

Como Bernal no poseía iglesia invitó a los salesianos a radicarse en el lugar. Donó el terreno para construir la parroquia y un colegio bajo el amparo de Nuestra Señora de la Guardia, la patrona de Génova.

En 1890 comenzó la construcción de la capilla, del seminario y de la escuela salesiana. En la Navidad de 1894 se celebró la primera misa en Bernal, en un templo sin terminar pero desbordante de gracia.

El 11 de febrero de 1895 llegaron a Bernal los novicios salesianos y en octubre de ese mismo año fue la inauguración oficial de la parroquia. En el acto estuvieron presentes el gobernador Don Guillermo Udaondo y el obispo de La Plata, Monseñor Juan Nepomuceno Terrero, quien bendijo las obras.

Años más tarde, Pedemonte acudió al arzobispado de La Plata para pedir que el templo fuera declarado parroquia y el 2 de julio de 1914 se logró la elevación canónica. En 1919 el Papa Benedicto XV proclamó el sitio como “Santuario”.

El primer párroco de Nuestra Señora de la Guardia fue el superior de la comunidad salesiana de Bernal, el padre Nicolás Esandi SDB, cuyo nombre lleva el colegio secundario al que asistí.

Con los años y el crecimiento de la zona, el templo original quedó pequeño y se decidió levantar uno nuevo. La parroquia actual data de 1954 y verdaderamente es un emblema de la ciudad. Por su parte, el primer edificio hoy es utilizado como sala de cine y teatro.

El 7 de septiembre de 1986, el obispo de Quilmes, Monseñor Jorge Novak (quien tiene una causa de beatificación iniciada), declaró a la Virgen de la Guardia como Patrona Principal de de Bernal.

En la actual parroquia se realizan conciertos muy favorecidos por la acústica. Si bien la iglesia es particularmente bella de noche porque está muy bien iluminada, de día se puede apreciar mejor el jardín delante del templo.

A un costado del imponente edificio está el colegio salesiano en el cual crecí. Éste tiene una capilla interna a la que se accede por Avenida Belgrano 280 y allí es donde habitualmente se realizan casamientos y bautismos. Está dedicada al Sagrado Corazón de Jesús y los alumnos concurríamos a misa allí una vez a la semana.

Mis vivencias

Imagen bendecida por San Juan Bosco que se venera en Bernal

Esta vez me resulta imposible hablar sobre «mi visita» a un Santuario. Más bien, aquí van mis experiencias yendo y viniendo allí durante siete años de educación primaria en el colegio Nuestra Señora de la Guardia, cinco en el secundario Nicolás Esandi y días y días en que una vez egresado volví al lugar en donde aprendí a amar a San Juan Bosco y a María Auxiliadora.

La primera vez que ingresé a la parroquia tenía poco más de seis años y bastante miedo de entrar a un lugar nuevo, grande y desconocido. Fue uno de los padres salesianos, Américo Aguirre, quien se convirtió en un padre para mí y me ayudó a cruzar las puertas del colegio. Repetimos la rutina de ir juntos varias veces hasta que logré entrar por mi cuenta. De algún modo, esa historia puede ser comparable al camino de fe de mucha gente que conoce a Dios a través del testimonio de otros y va creciendo en amor y paz hasta que se anima a vivir llevando el mensaje de Cristo en los gestos y acciones cotidianas.

La imagen de María Auxiliadora y de Nuestra Señora de La Guardia veneradas en la parroquia de Bernal fueron testigos de mi primera reconciliación con el Señor cuando todavía era un niño. Esa jornada casi que fue un día Santo para mí, una vivencia pura e irrepetible que muchos años después sigo guardando en mi corazón.

Ya con 10 años me preparé junto a mis compañeros para recibir por primera vez al Señor. De la mano de Mamá María fuimos aprendiendo y sintiendo al Espíritu Santo en cada momento de catequesis compartido.

Continuamos nuestra educación formal en la casa y sin darnos cuenta María Auxiliadora nos fue ganando el corazón. Cada 24 de mayo, día en que se la conmemora, era convertido por los padres salesianos en una verdadera fiesta y ellos nos transmitían la emoción de una fecha tan especial. Muchas veces nos tocó ir a la Basílica de María Auxiliadora en el barrio de Almagro o bien al Colegio Salesiano de Uribelarrea.

Atravesamos nervios, alegrías, frustraciones y sorpresas. Pasamos de la escuela inicial a la secundaria y con 15 años nos ofrecieron confirmar nuestra Fe. A diferencia de los sacramentos anteriores, este era opcional. Más allá de que los encuentros se realizaban los sábados por la tarde, algunos decidimos destinar ese tiempo al Señor y tuvimos la bendición de que el encargado de confirmarnos haya sido Monseñor Jorge Novak.

Y así crecimos, con Santo Domingo Savio que nos miraba desde lo alto mientras jugábamos en el patio, con San Juan Bosco que custodiaba nuestras actividades deportivas y siempre bajo el Manto de María Auxiliadora. Casi sin darnos cuenta, frecuentábamos las iglesias del Colegio, tanto la “catedral” como la interna, que era la nuestra.

Capilla interna del colegio
Patio del colegio

Egresamos del colegio y unos perseveraron más en la fe que otros. No obstante, María no se apartó nunca de nuestros corazones.

Cuando decidimos casarnos con mi esposa, yo puse una única condición: quería que la ceremonia fuera en la iglesia que me vio crecer. Y así fue, nos unimos en matrimonio el 5 de Enero de 1991 y encomendamos nuestro futuro a María Auxiliadora.

Ya de mayor, el trabajo y las obligaciones me llevaron a alejarme un poco de mi casa de la infancia, pero María se encargó una vez mas de acercarme a mis raíces. Esta vez el motivo fue un golpe duro, una enfermedad complicada que le tocó pasar a mi esposa. Fui quien recibió el diagnóstico y lo primero que atiné a hacer fue correr a los brazos de mi Madre del Cielo.

Corrí a orar debajo de la imagen de María Auxiliadora bendecida por San Juan Bosco que está en la parroquia Nuestra Señora de la Guardia. Allí me quedé llorando durante un buen rato hasta que llegó una mujer que para mí fue un ángel enviado por Mamá María. Me consoló y me dijo unas palabras que quedaron grabadas en mi corazón. No puedo dar su nombre porque no la volví a ver, era una señora de pelo blanco que me regaló un abrazo, un mensaje de aliento y una sonrisa en uno de los peores momentos de mi vida.

Con el transcurrir de la enfermedad, ante cada progreso volvíamos al santuario con mi esposa para agradecer. Muchas veces el templo estaba cerrado y nos tocaba quedarnos en la puerta y desde allí valorábamos infinitamente la intercesión de Mamá de la Guardia por lo recibido.

Más adelante conocí al Padre Juan, quien se convirtió en mi consejero además de mi confesor. Al parecer, yo no era el único que buscaba a este sacerdote santo, ya que al fallecer su estola quedó colgada en su confesionario por algún tiempo a modo de homenaje.

Por todo esto y por muchas otras cosas más puedo decir que amo este lugar, amo a María Auxiliadora y a Nuestra Señora de la Guardia.

Tips de Viajero

  • Cada año se realizan fogones en el mes de septiembre y una procesión por las calles de la ciudad que es muy emotiva y cuenta con la concurrencia de gran cantidad de fieles.
  • Los «fogones de Bernal» incluyen además actividades artísticas y gastronómicas.
  • Sin lugar a dudas, esta es la iglesia más imponente de Bernal y el punto de encuentro de la ciudadanía local con Dios. Es una parroquia inmensa con parque donde se puede apreciar el verde césped con flores de colores y la imagen bendecida en Génova.
  • Esta bitácora es la clara demostración de que los lugares santos están más cerca de casa de lo que a menudo creemos. No hace falta viajar lejos para encontrarse con Dios, solo abrir los ojos y el corazón y dejarse envolver por las dulces palabras de Mamá María.

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